HERCULÍNEAS | O |
17 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ECHO a volar la imaginación y al ver por la tele a todos los dignatarios de Iberoamérica (así y no Latinoamérica, que se inventaron los franceses), reunidos en Salamanca, se me ocurre proponer a nuestros estimados munícipes que nuestra urbe (esta capital atlántica que se llama A Coruña) fuese poniendo los cimientos para que, dentro de unos años, sea la sede de esta reunión de países de alende o mar , tan representativos de la presencia gallega. Pienso también en lo que esta ciudad puede ofrecer, entre otros atractivos: una historia que se remonta a la presencia romana y a las incursiones normandas; una Cidade Vella con importantes monumentos del románico al barroco; una Torre de Hércules que protege a los navegantes desde hace veinte siglos y que ha de alcanzar pronto ser Patrimonio de la Humanidad; un mar que acaricia al istmo que sostiene palacios de congresos, de deportes, de la ópera y ferial ; y unos ciudadanos, con solera secular, conscientes del papel que les ha correspondido desempeñar en su vieja tierra. Pero a todo lo anterior unir algo fundamental en la petición: el extraordinario gesto de unos niños coruñeses a quienes se inoculó la vacuna contra la viruela, azote de toda América, y con ella embarcaron en el puerto para salvar la vida de millones de personas en aquel continente y en otros países. Fue la expedición Balmis que partió de A Coruña en la corbeta María Pita en noviembre de 1803. Y ésto es lo que mi mente pensó cuando vio en la cumbre citada a los mandatarios iberoamericanos, arropados nada menos que por el Rey de España.