Alrededor de cien personas trabajan diariamente en el mercado central de frutas y verduras, al que llegan clientes de poblaciones situadas a cien kilómetros de A Coruña Cada semana, más de medio centenar de camiones traen productos del país y del extranjero
01 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La nariz va una zancada por delante del cliente. El mercado de frutas y verduras es una nave industrial enorme, donde no hay sitio para los malos olores. Después del olfato, la vista se convierte en el mejor compañero de viaje alrededor de los 25 puestos que ofertan productos de todos los tamaños y colores. En este escaparate, la fruta es la reina, y la verdura casi no llega a princesa. Si estableciésemos un porcentaje de lo que se vende en el mercado de A Grela, la primera se llevaría un 70% y la segunda un 30%, como aproxima el gerente, José Bermúdez. Antonio Lago lleva madrugando toda su vida. El despertador le suena a las cinco de la mañana y para él, como para el resto de trabajadores del mercado, la jornada laboral comienza una hora y media después, cuando la nave de los olores abre sus puertas. Lago se dedica a la venta de fruta desde hace más de 30 años. Todavía se acuerda de la época en la que iba al mercado de San Roque, antes de que se inaugurara el de A Grela. «Tenderos hoy quedan pocos, los descendientes ya no quieren heredar el negocio familiar», explica. Él tiene un almacén de frutas, y también se dedica a la venta al detalle para satisfacer a los clientes que acuden a su tienda todos los días. Como en tantos otros casos, Lago no tiene una lista de la compra fija, sino que cada día llega al mercado para comprar según las necesidades que tenga en su negocio. Verdura con acento gallego El mercado no entiende de regateos ni de comerciantes que ofrecen a gritos su mercancía. Las cajas se apilan al milímetro en cada puesto, con los productos que traen los tráileres procedentes del sur y de la zona mediterránea, e incluso del otro lado del charco. La verdura pone el toque autóctono. Por la mañana llegan los cosecheros de la comarca que hasta las nueve instalan improvisados puntos de venta en el centro del mercado, lugar que por la tarde se llena de camiones para poder cargar sus compras con mayor facilidad. Sin embargo, en los puestos también se puede encontrar verdura que no hable gallego, como el repollo que llega de La Rioja. Hablar de cantidades no es muy fácil en esta nave. Las distintas épocas del año ofrecen un baile de cifras que hace difícil establecer una media. Roberto del Fraile, propietario de un puesto en el mercado, calcula que en un día fuerte (como los domingos, por ejemplo) puede vender cerca de quince mil kilos de mercancía. En su puesto, durante estos últimos días, el kilo de uvas se puede encontrar por 0,70 euros, el de kiwis por 2,05, o el de naranjas por 0,62, por ejemplo. El estado del tiempo juega un papel fundamental en el juego de la oferta y la demanda. «Cuando hay heladas viene menos género, y el que hay lo compramos más caro. Esto también afecta a nuestros clientes, que tienen que subir los precios», explica. En su puesto se apilan muchos palés, enormes cajas que pueden almacenar cerca de mil kilos de una fruta determinada. Los clientes que hacen compras masivas disfrutan de algún descuento en el precio final. Compradores de ruta Este año ha sido excesivamente rico en cosechas. Ricardo Ferro, que también tiene un punto de venta en el mercado, cree que ha habido una superproducción que ha hecho descender los precios. «Se vendió todo mucho más barato. Para los agricultores ha sido un año catastrófico», explica. A las instalaciones también se acerca gente de fuera de A Coruña. Muchos de ellos aprovechan para hacer la visita el día grande de mercado, el domingo, para comprar mercancía suficiente para una semana. A estos compradores se les llama «los de la ruta», porque han de llevar su mercancía a los negocios que tienen a más de cien kilómetros de nuestra ciudad. Lolita Rey, a la que se conoce en el mercado como la frutera de Noia, se levanta a las 4.30 horas para llegar en el momento en que el mercado abre sus puertas. Lleva con esta rutina de trabajo desde hace 25 años, y tiene tres fruterías en aquel municipio. «Compro de todo, hay que tener suficiente oferta para satisfacer a los clientes», explica. En el mercado central de frutas hay espacio y clientes para todos los gustos. Y también para los sabores. La yuca o el mango conviven con naranjas, manzanas y peras. La ley de la oferta y la demanda es la única norma que existe en la nave situada en A Grela. Ésa y la prohibición de escupir al suelo, como rezan varios carteles que adornan las columnas del mercado. En la nave de los buenos olores también se presta especial atención a la estética. Con este empeño en mantener las instalaciones en perfecto estado también se intenta poner un grano de arena en el respeto por el medio ambiente. El mercado central de frutas y el Ayuntamiento firmaron un convenio en el mes de julio del año 2003, que permitió reciclar casi 70 toneladas de residuos durante los dos primeros meses, y que además tienen una calidad ideal para ser utilizado como abono.