Un aula de andar por casa

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Algunos apenas hablan y a otros aún es necesario cambiarle el pañal. Aunque ayer empezó el curso en el colegio de Herves, sus once alumnos ya son como una familia

13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Jacobo es como un pequeño Gulliver para sus compañeros de clase, a la mitad de los cuales dobla la edad. Él es el único estudiante de primaria que este año ha iniciado el curso en el colegio de Herves, en Carral, y que comparte pupitre con otros diez alumnos de educación infantil, de entre 3 y 5 años. Como si se tratara del hermano mayor, él los cuida y les enseña a jugar y divertirse en el parque, y se ha convertido en un pequeño líder para sus nuevos amigos. En esta pequeña familia, la encargada de llevar la voz cantante es la profesora, Azucena Nantón Blanco, una joven de 23 años que acaba de sacar las oposiciones de educación primaria por lengua extranjera de francés. La sorpresa de ella fue mayúscula cuando se encontró que tenía que dar clase a los niños de infantil y a uno de primaria. «Los padres y los niños son realmente encantadores, pero estoy un poco saturada con todo esto que me cayó encima. Al principio, cuando llegué aquí, pensé que se trataba de una casa abandonada, y luego descubrí que era el colegio», recuerda la docente, que desde primeros de septiembre, y con la ayuda de unas amigas, se ha preocupado de acondicionar el centro lo mejor posible. «Cuando entré aquí me comían las arañas, estaba todo un poco sucio y abandonado. Éste debe ser mi despacho y el lugar de reuniones, y está convertido en una especie de trastero, aunque intentaré mejorarlo», anuncia. La falta de material también ha sido un problema para iniciar las clases, puesto que el centro no cuenta ni con impresora, ni fotocopiadora, ni fax, y la docente ha tenido que sacar muchas fichas y programas del ordenador de su casa. Vocación A pesar de todos estos inconvenientes, Azucena Nantón reconoce que siempre ha tenido vocación por ser profesora, «aunque siempre preferí los niños de infantil». Sin embargo, asegura que su intención es «hacer bien mi trabajo y que los niños tengan el mismo nivel que los demás que estudian en otros centros». Aunque sólo hace dos días que se conocen, a los pequeños parece gustarle su nueva profesora, y se portan bastante bien. «A algunos todavía tengo que cambiarles los pañales, y hay otros que apenas saben hablar. Una casi no dice nada, pero me coge de la mano y me lleva a donde quiere ir», explica la maestra.