LA COMARCA coruñesa, como toda Galicia, vive el summum de las fiestas locales. Este puente reúne tantas fiestas que uno no sabe ya donde elegir. De Melide al Castrillón, de Sobrado a Meicende, de Betanzos a Pastoriza,... Recorrerlas todas requeriría un gran esfuerzo, pero todas ellas presentarán sus mejores galas. En una sociedad cada vez más pagana, todos recuerdan estos días a María (15 de agosto) o a Roque (16 de agosto). Cualquier excusa es buena para que una pandilla de cualquier córner de nuestra geografía comarcal se reúna y, si la SGAE y su afán de estrujar los bolsillos de los que menos tienen no lo impiden, disfrutar de unos pasodobles como dios manda -¿verdad, amigo Alberto?-, como antes de que el de La bomba destrozara ese clásico de Paquito el chocolatero . En medio de ese espectro de cantantes a medio camino entre Operación Triunfo o la tasca de la esquina, uno siempre se encuentra espectáculos dignos de un recuerdo cariñoso. Como la orquesta Imperial, capaz de marcarse una pesadilla en forma de reggaeton o subastar las rifas para el sorteo de un manso corderillo, como hicieron no hace muchos días en un pequeño pueblo de Aranga de cuyo nombre sí me acuerdo: Vexo. francisco.espineira@lavoz.es