Y ahí quedaron

LUIS VENTOSO

A CORUÑA

ES ARAGONÉS y nunca había estado en A Coruña. En el año 2001 vino por fin, al hilo de su amistad con gente de aquí. Una noche de brétema de final de septiembre entró por vez primera en María Pita. Se quedó callado ante la elocuencia simétrica de aquella plaza exacta, que le pareció tan elegante como una ecuación bien resuelta. Luego, el visitante se puso estupendo y aseguró que aquel espacio no desmerecía de las plazas celebérrimas de Madrid y Salamanca. El anfitrión se sintió ufano, y también satisfecho de la labor de quien supo convertir en obra de arte una plaza antaño degradada, terrosa y con tráfico. Ahora el amigo ha vuelto. Tras un paseo de toma de contacto, apremió a sus anfitriones a acercarse a María Pita. Esta vez no se quedó callado. Molesto, expresó su sorpresa ante los que llamó «esos chiringuitos que destrozan la plaza». Después, planteó dos preguntas: «¿A la gente de aquí le gusta esto? Y si no os gusta, ¿por qué los habéis dejado ahí?». Con argumentos estéticos, parece claro que la plaza estaba mejor sin quioscos. Pero sus defensores alegan que dan servicio, que ahora puedes terracear allí aunque caigan chuzos. Es cierto. Y si plantamos una raxería de cristal y PVC en la plaza de San Marcos de Venecia podremos ir allí a tomar el raxo... Rectificar es de sabios. Y dicen que hasta da votos.