Crónica | Feria taurina Los recortadores derrocharon valor y espectáculo y se dejaron jirones de tela y un reguero de sangre, la de la pierna de Silvi, que sufrió una cornada de 20 centímetros
07 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?a edición de este año de la feria taurina echó el telón con un espectáculo novedoso que no defraudó a las más de cuatro mil aficionados que se acercaron al Coliseo a disfrutar de una tarde muy especial. Los recortadores son lo último en el mundo del albero. Importados de países como Portugal o Francia, donde está prohibido matar a los morlacos, los artistas -con sueldos muy alejados de los últimos del escalafón taurino- rivalizan en piruetas y osados requiebros para ganarse el fervor de la grada. En muchos momentos, la histeria por el temor a una cogida dispara un ciclón de susurros cómplices desde la grada, que no hace más que sufrir en silencio la osadía de los héroes anónimos. Y ayer el Coliseo vibró con muchos de estos chicos. Raúl, Rozalen, Nito, Marco Picón o Marquitos Venegas son nombres que no le dicen nada a nadie. No son Fran Rivera y su desdén con el capote o El Cordobés con sus saltos de rana. Pero se miden a astados de verdad. Sin aguijonear ni castigados por picadores inmisericordes. Es lo más cercano a un duelo en condiciones iguales entre los toros y los toreros. Y como es tan igual, a veces es imposible calcular las consecuencias. Que se lo pregunten a Silvi, que a las primeras de cambio se clavó de rodillas en el centro de la plaza y el toro se lo llevó por delante. Salió de la tierra por su propio pie, pero con una cornada de veinte centímetros en el muslo izquierdo que le obligó a pasar la noche en el Modelo. Luego, el show discurrió por los parámetros habituales, con algún susto para elevar la tensión. Música y coreografías animadas levantaron al público de sus asientos mientras unos se preguntaban si aquello no se parecía más al Gran prix de la tele que a una corrida de toros, mientras los otros respondían buscando a Ramonchu al lado de la vaquilla que correteaba en el albero del Coliseo coruñés.