Bailarines por amor al arte

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: CECILIA DÍAZ / CÉSAR QUIAN / JUAN LÁZARO

Reportaje | Profesionales de la ciudad reclaman más apoyos para que se constituyan compañías en las que poder fraguarse un futuro Tamara Rojo y Maya Plisetskaya recibieron el premio Príncipe de Asturias de las Artes. Para el sector de la danza ya era hora de que se reconociese el sacrificio de estos artistas

16 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«El sueldo es de 1.000 euros al mes, más o menos. Pero los primeros bailarines cobran más, y los becarios, menos». Dicen que sí, que se puede vivir de la danza, pero muy pocos lo consiguen y, además, saben que su carrera profesional terminará muy pronto, sobre los 35 años, como para la mayoría de los deportistas. Luis María Castiñeira (29 años) y Cristian Silva (22) están contratados a través del IGAEM (Instituto Galego de Artes Escénicas) para el Ballet Rey de Viana. Dicen tener claro que el baile profesional les dará de comer «hasta que el cuerpo aguante». Después, vendrán los achaques, las posibles lesiones o el cansancio: «Hay que tener claro que la vida profesional es corta y que hay un enorme desgaste físico». ¿Como los futbolistas? «Sí, pero hay una gran diferencia: ellos acaban a los 35, pero con 500 kilos en el banco». Luis María Castiñeira sabe lo que posiblemente habrá después: «Lo que te queda es impartir clases, pero cobrando un sueldo normalito». A ningún bailarín se le escapa que tras 15 años de viajes, giras, ensayos y estrenos, tendrán que reinsertarse en el mundo laboral. Para los que estudiaron algo más que danza, quizás, será más fácil. Eso es lo que piensa Paula Sal Coira, que con 19 años, además de bailarina profesional (becada por la Xunta) ve su alternativa en la Biología. «Cuesta mucho compaginar las dos cosas. Primero vas a la Universidad y, después, a ensayar de cuatro de la tarde a nueve de la noche. Cuando llegas a casa estás cansada y lo que menos te apetece es coger un libro». Pero el ballet le gusta, y no piensa renunciar ni a una ni a otra cosa. Le compensa cualquier sacrificio: «Es que ya se sabe, sarna con gusto no pica». Su compañera Laura García, de 25 años, recuerda muy bien lo de salir de casa a las siete y media de la mañana y llegar a las once de la noche: «Yo soy de Madrid, y además de danza española estudié Trabajo social. Es muy duro. El fin de semana, cuando se supone que puedes descansar y salir un poco, lo dedicaba a estudiar». Las bailarinas dicen que el mundo del baile está muy idealizado, que de cara al público todo sale bien, pero detrás hay mucho trabajo, presión y sacrificio. «Renuncias a los amigos porque cuando quieren quedar tú les respondes que no, que tienes que irte a bailar, sacrificas tu tiempo libre y también los estudios». Paula Borrazás (22 años) dice que no sabe de dónde saca las fuerzas para bailar y, al mismo tiempo, estudiar Turismo. Es que la fórmula secreta para ser un buen bailarín es complicada. Los expertos dicen que el 50% corresponde al físico: proporciones idóneas, musculatura atlética, musicalidad, talento artístico y elasticidad. El otro 50% es trabajo y constancia. Todo eso, además, bajo una cabeza bien asentada, con un objetivo claro, y son pocos los aspirantes que reúnen esas características. Por eso no basta con calzar las mallas y el maillot, ni desgastar las zapatillas a base de resina. Sastrería artística Eso lo sabe de sobra Marujita Reimúndez, la jefa de la sastrería artística del Ballet Gallego Rey de Viana. Después de quince años cosiendo el vestuario, dice que no sólo los bailarines tienen que ser buenos, sino todo el equipo. Dice que no hay que minusvalorar el trabajo de las tres costureras que consiguen que los espectáculos sean más vistosos: «Necesitan trajes cómodos, pero intentamos utilizar material tradicional, como el lienzo y las entretelas gruesas, las que se usaban antes para que durasen toda la vida. Algún traje ha llegado a pesar 10 kilos y ese, en particular, probablemente cueste dos millones de pesetas». Para el último espectáculo de Rey de Viana, Lumieira , han cosido 160 trajes. Para que luego digan que el vestuario del ballet es escueto.