Un municipio de lo más natural

Redacción A CORUÑA

A CORUÑA

Paderne no se entiende sin su paisaje. A él debe su encanto y en él tiene el mayor atractivo para fascinar a los miles de turistas que cada año se acercan a visitarlo

30 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Montes, costa y ríos. Mire por donde lo mire, Paderne desborda encantos naturales para poder presumir. La naturaleza es lo más llamativo, y disfrutar de ella se convierte en algo obligado al llegar a este municipio coruñés. Al estar situado en medio de los ríos Mandeo y Lambre cuenta con unas preciosas riberas donde florecen cientos de olmos, abetos, bidueiros, carballos, alisos, abeleiras, así como el típico matorral. Éste es el hábitat natural en el que residen numerosas especies animales, desde ardillas rojas a nutrias, además de los salmones y truchas que nadan en sus aguas. El área de recreo de Chelo es otro de los enclaves más visitados del municipio, ya que cuenta con una aula de naturaleza donde los visitantes pueden conocer todos los secretos de esta fraga. Las playas también tienen un lugar destacado en Paderne, que cuenta con dos arenales bien diferenciados, el de A Xurela, y el de Abeleira. El primero, situado en el lugar de Ínsua, recibe su nombre por la cantidad de xurelos que navegan en sus aguas. Se caracteriza por ser muy abrigoso y tranquilo, ideal para pasar un día con toda la familia. La playa de Abeleira está situada muy próxima al puente de O Porco, y en la desembocadura del río Lambre. Cuando baja la marea se une a la de A Xurela, y antiguamente servía de embarcadero donde se construían los barcos y a donde se acudía también a lavar la ropa. Además, Paderne también llega hasta la ría de O Pedrido, un entorno que próximamente será regenerado gracias a una inversión del Ministerio de Medio Ambiente, y que permitirá recuperar una importante zona natural. Pero, además de paisaje, en este concello hay muchos monumentos para poder visitar como son los castros de Croa, Montecelo, Mamede o Monte do Castelo, así como las iglesias de San Pantaleón das Viñas, Santo Estevo de Quintás, San Xoán de Vilamourel o San Salvador de Velouzás. No faltan tampoco los cruceros, las capillas, las fuentes y los molinos típicos gallegos, además de los pazos y casas señoriales y el antiguo hospital de Guende.