«Hay pacientes que te los llevas toda la vida contigo»

R. D. Seoane A CORUÑA

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

Reportaje | Las enfermeras de UCI hacen balance del congreso de intensivos

23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?l propio presidente de la Sociedad de Medicina Intensiva, que el miércoles clausuró su congreso nacional en Palexco, aseguró que «no hay mejor monitor que una enfermera a pie de cama». Quizá por ese reconocimiento mutuo, también la Sociedad de Enfermería de Intensivos celebró, con los médicos, su encuentro nacional. Al frente de la organización local estuvieron tres enfermeras de UCI del Canalejo. Maite Rodríguez, Loli Eiriz y Valentina Fernández están «muy contentas» del resultado del simposio, en el que la enfermería coruñesa presentó distintos trabajos, entre ellos una ponencia sobre su papel en lo que se denomina limitación del esfuerzo terapéutico. Es decir, en no prolongar la vida artificialmente. «Somos el brazo ejecutor -explican-; aunque la decisión de no poner o retirar un tratamiento o una medida de soporte la tome el médico, quienes lo tenemos que hacer somos nosotras». No ocultan que a veces surgen conflictos, aunque casi siempre «porque nosotras estamos más sensibilizadas ante los cuidados desproporcionados cuando sabemos que un paciente se va a morir o le van a quedar secuelas muy graves». Por eso, agradecen que, a diario, la sesión clínica sea conjunta en la UCI. Porque «tenemos al menos la oportunidad de que el médico nos explique por qué decide seguir», algo que consideran «fundamental para aliviar tus ansiedades». Quienes cuidan al borde mismo de la muerte aseguran que no resulta fácil no llevarse a casa la tristeza. «Hay pacientes que te llevas contigo toda la vida», cuentan. «El enfermo llega cada vez más crítico», dicen, también porque cada vez es más mayor y «hoy -explican- se va a por todas, si su calidad de vida anterior es buena y tiene algo aparentemente recuperable, no se tira la toalla». Y es que el trabajo de la enfermera en la UCI es, definen, «un estado permanente de alerta». Con una carga de estrés importante y la obligación permanente, y no reconocida, de especializarse, todas coinciden en que lo peor es la pérdida del paciente. «Lo es para todos, sientes emociones y a veces no te sientes capaz cuando, además, tienes que cuidar a la familia, arroparla».