HERCULÍNEAS | O |

07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEGÓ EN un barco. Se hinchó a bombones en la Gran Antilla y tomó asiento en los soportales del Rosalía. Corría el año 72. Llevaba unas gafas redondas de ésas que luce en los pósters de a 6 euros, pantalones vaqueros y una camiseta de flores muy ajustada. También una guitarra. Entró en la Barra, se pidió un café y charló un rato con uno de los camareros. Cogió una servilleta y escribió unas líneas. Hay quien dice que se trataba de los primeros versos de Imagine. Yo no lo sé, y el camarero, al que pregunté, tampoco. En la calle Real rasgó las cuerdas de su guitarra. Alguien lanzó unas monedas. Luego subió hasta la Ciudad Vieja, tarareando una canción. Una mujer lo retrató con su Minolta en la plaza de las Bárbaras. Nunca más se supo de esa foto. Quizás un día de estos se anuncie su subasta en Internet. Se tomó un helado en La Italiana, dejó un billete sobre el mostrador y se alejó con las manos en los bolsillos. Más tarde, en la escalerilla del barco, giró la cabeza y echó una mirada a las galerías. Así fue su última visita. Creo que le gustaba esta ciudad. A quien pregunte qué pinta una estatua de John Lennon en los jardines de Méndez Núñez, podemos contarle algo por el estilo. Bastará con echarle un poco de imaginación. laureano.lopez@lavoz.es