Como escritora, doña Emilia (nacida en A Coruña en el año 1852) hizo de todo: artículos en prensa y revistas, ensayos, novelas, cuentos (asignatura en la que se demostró más prolífica de los siglos XIX y XX), estudios literarios, recetarios de cocina. En la vida diaria, Pardo Bazán tampoco se conformó con el rol inicialmente asignado por su condición de mujer. Lejos de resignarse, rompió, socialmente, los moldes de su época, ocupando una cátedra en la Universidad Central, creada expresamente para ella; fue consejera de Instrucción Pública, presidió la sección literaria del Ateneo de Madrid; fundó la Biblioteca de la Mujer y tuvo como amante al no menos famoso Benito Pérez Galdós en una relación que fue muy comentada durante la época y que provocó no pocas envidias y recelos entre quienes no comprendían ese amor. Su obra completa, resumida en un total de 43 volúmenes, es una de las grandes joyas de la literatura española. Su vida, novelesca en muchos aspectos, fue un ejemplo de mujer liberada, muy avanzada para su época, aunque de vez en cuando tenía algún tic que denotaba su condición aristocrática y la influencia de su educación inicial. Un ejemplo de esa convergencia de factores se plasmó en la obra La cocina española , cuando recomienda a las señoras que no piquen cebolla, pues luego les huelen mucho las manos, dejando esta labor a las criadas. Cuando la escritora falleció, en 1921, La Voz de Galicia le dedicó toda su primera página -entonces tenía siete columnas en formato grande- con este titular: «Una gran pérdida para las letras españolas». Hoy, sus novelas y cuentos son objeto de estudio en muchos rincones del mundo.