HERCULÍNEAS | O |
01 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.YA ESTAMOS en marzo. Empieza el baile. Dentro de dos semanas se abrirá el plazo para inscribir a los niños más pequeños en los colegios de la ciudad y volverán, un año más, los nervios, las mini-mentiras y los codazos por encontrar un hueco en los centros más deseados por los padres. No es un asunto menor. La educación, sobre todo la del hijo de cada uno, es una cuestión capital, trascendente. Se entiende así que muchos hombres y mujeres normales, como usted o como yo, ciudadanos normales y convencionales, no duden en falsificar un padrón, o una declaración de la renta. O que, aun dudando, acaben haciéndolo. Los hijos están por encima de todo, incluso de la vergüenza. En el fondo, subyace un debate. ¿Tienen los colegios derecho a elegir sus alumnos? y ¿tienen los padres derecho a escoger dónde y de qué forma quieren que se eduque a sus hijos? Parece lógico pensar que sí, que, en el 2005, los coruñeses deben tener ese derecho, sin necesidad de engañar a nadie ni de gastar 400 euros al mes. De algún modo debe regularse la escolarización, de eso no hay duda. Pero es notorio que el actual sistema ha fracasado, ha sido superado por los años y debe renovarse. ramon.castro@lavoz.es