PLAZA PÚBLICA | O |
09 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.UNA visita de carácter familiar a la ya veterana iglesia de Santa María de Oza (inaugurada en 1863) me trajo a la memoria a dos personajes que alcanzaron renombre entre los siglos XIX y XX: el arquitecto Faustino Domínguez Domínguez y el sacerdote Baltasar Pardal Vidal. El primero porque precisamente estaba en un templo proyectado por él en 1859 e inaugurado cuatro años después; el segundo porque observé que en la iglesia se repartían trípticos de las Hijas de la Natividad de María (Grande Obra de Atocha) en pro de la canonización de su fundador el propio Baltasar Pardal, canónigo magistral de la Colegiata coruñesa y un santo varón que ya tiene un monumento y una calle en la ciudad. Por cierto que para apoyar a la causa de su canonización existe una cuenta abierta en Caixa Galicia. También añadir que este año se cumplen los cincuenta de la llegada a Uruguay de un grupo de las Hijas de la Natividad, que iniciaron el viaje en 1955 desde A Coruña. Acerca de la iglesia decir que Domínguez la proyectó con sencillez y armonía, configurada como una cruz griega de gruesos muros (según Sánchez García) y que en 1936 fue incendiada y rehabilitada en el 46. En suma, una iglesia que cumplirá siglo y medio dentro de ocho años.