«Rojos» peligrosos

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Historias de A Coruña | Los informes policiales en el franquismo En la dictadura, los cuerpos de seguridad seguían y apuntaban todo tipo de detalles sobre la vida y las relaciones de republicanos, izquierdistas y masones coruñeses

22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Triunfante el alzamiento contra la República de 1936, la persecución, primero, y, después, la vigilancia de rojos (encuadrando en tal nombre a todo opositor activo o pasivo al régimen) fueron una constante de los cuerpos se seguridad y orden público. Respecto a los rojos coruñeses, podría hacerse una relación enorme, sobre todo ahora que se han liberado los archivos, aunque en muchos de éstos se haya efectuado una esquilma previa, pues la transición política española fue tan peculiar que muchos servidores del Estado pasaron de quemar libros a protegerlos y de perseguir a los opositores a servirles de escolta. En un informe enviado el 13 de agosto de 1937 por la Comandancia de la Guardia Civil de A Coruña a la Delegación Nacional de Servicios Especiales de Burgos se hacían pequeñas semblanzas de los rojos coruñeses, masones incluidos. Uno de ellos era Arturo Taracido Veira, del que se decía: «De profesión auxiliar de la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de esta ciudad. Tiene su domicilio en Juan Flórez 31-1º. Era un gran admirador de Casares Quiroga, al que le unía una gran amistad, como asimismo con Azaña. Elemento muy destacado en esta nefasta política, su izquierdismo era de lo más avanzado. Pertenecía al partido de Izquierda Republicana y fue presidente del Casino Republicano, como asimismo de la Asociación de Enseñanza Laica. Estaba afiliado a la Logia Masónica Suevia número 4, con el grado tercero». Periodista republicano Otro «fichado» era César Alvajar Diéguez: «De 52 años -decía su informe-, casado, hijo de Víctor y de Carmen, empleado municipal del Ayuntamiento de A Coruña, periodista, con domicilio en Panaderas 21-2º. Fue uno de los creadores del partido Unión Republicana. Compromisario para elegir presidente de la República. En las elecciones de febrero del 36 era uno de los dirigentes del Frente Popular con la misión de conseguir el triunfo. En la Audiencia se encargó de preparar los embuchados , inculcando asimismo sus ideas a todos los empleados del municipio coruñés. Por su comportamiento en la campaña fue premiado con el gobierno civil de Soria, donde le sorprendió el Glorioso Movimiento Nacional». Control a los Casares Peor lo tuvo Esther Casares de Varela, hija de Casares Quiroga, retenida en A Coruña durante 20 años, de 1936 a 1955, por el único delito de ser hija de su padre. El seguimiento policial de esta mujer era continuo. En uno de ellos, a finales de los 40, se reflejaba la vigilancia a la que estaba sometida su hija, María Esther, y ella misma: «Esther Casares de Varela suele salir dos veces por la mañana, va al mercado de San Agustín, donde realiza alguna compra, que trae en una bolsa de aspecto normal, con funda negra. Saluda a algunos transeúntes, aunque no se detiene a hablar con ellos. Otro día se la vio comprando una bolsa de caramelos surtidos en la confitería La Gran Antilla. No suele transitar mucho por Panaderas, donde está su antigua casa familiar, y cuando retorna de visitar a su amante, Antonio Molina Diéguez, en la calle de Orillamar, suele bajar por la cuesta de San Agustín, en vez de hacerlo por Varela Silvari. Cuando hace buen tiempo, suele sacar a pasear a un perro por la Dársena, sube por el Parrote y vuelve por la Ciudad Vieja a María Pita».