Reportaje | Una obra con dos versiones El cuadro que acaba de adquirir Caixanova por 30.000 euros es posterior a su «hermano», que cuelga de las paredes de la fundación del pintor
14 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.En Vigo se exhibirá el hermano pequeño. En A Coruña se quedará el mayor. Silvia Longueira, directora de la Fundación Luis Seoane, explica que el Cristo Obrero que acaba de adquirir Caixanova por 30.000 euros fue pintado con posterioridad al cuadro del mismo título que se exhibe en la Fundación Luis Seoane. La entidad crediticia fue la ganadora de la subasta que el padre Manuel Espiña, propietario de la obra (a la que denominaremos Cristo Obrero II ), abrió a beneficio de la Fundación de Bemposta. Longueira estudió entrar en la puja, pero lo descartó por varios motivos. El principal, el económico. «Claro que nos interesaba, y mucho, ese cuadro, pero es cierto que tenemos uno que es casi igual. En estos momentos, entre nuestras prioridades no puede figurar la compra de obras de Seoane», argumenta. En efecto, hay pequeñas diferencias entre uno y otro. Lo que son distintas son las historias que esconden estos cuadros. Vayamos primero con la del subastado por Espiña, el Cristo Obrero II . La cuenta el propio canónigo: «Luis estaba exponiendo en Madrid en 1975 y se enteró de que me habían multado por predicar en la capilla de María Inmaculada contra las últimas sentencias de muerte firmadas por Franco. Me envió el cuadro para que lo subastase y pudiese pagar la sanción, pero al final no hizo falta venderlo». La obra se convirtió en el mayor valor patrimonio de la Comunidade Cristiá do Home Novo, fundada por Espiña, quien quiso que la ciudadanía disfrutase de este cuadro, pero se encontró con un obstáculo inesperado: «Lo llevé a la capilla de María Inmaculada, la que está a la entrada de la Ciudad Vieja, porque creía que era el lugar adecuado. Pero me lo tuve que llevar. Las monjas decían que era una obra dura, escandalosa. Pedimos también la opinión de unas universitarias que venían por allí, y coincidieron con esta opinión. Así que lo tuve en mi casa, cerca del cuartel de Atocha, durante todos estos años». Sólo salió de ese piso para presidir varias misas oficiadas por Espiña. El Cristo Obrero I también se pasó unos cuantos años entre cuatro paredes, las de la casa de Maruxa Seoane. La fallecida mujer del pintor lo disfrutó en su hogar. Para ello, lo tuvo que recomprar. Actualmente se expone en una esquina de la fundación que lleva el nombre de su marido.