Los vecinos habían denunciado en repetidas ocasiones el abandono de la fortificación El Ayuntamiento negocia con el Ministerio de Defensa la permuta de los terrenos
13 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l Polvorín se convertirá en polvo. Así lo afirman desde el Ayuntamiento de Culleredo, donde su alcalde, Julio Sacristán de Diego, ya ha mantenido varias reuniones con los responsables del Ministerio de Defensa para poder hacerse con los terrenos de esta fortificación, que fue abandonada por los soldados en la década de los noventa. Desde esa época, el recinto militar ha desempeñado varias funciones: desde basurero donde muchos van a dejar los escombros de las obras, a punto de encuentro de pandillas de jóvenes -que han dejado su huella con varias pintadas en las paredes-, o lugar donde muchas parejas buscan un poco de intimidad. El primer paso para evitar estas visitas indeseadas fue demoler parte de las naves, aunque no se consiguió que el Polvorín siguiese siendo un lugar muy frecuentado por adolescentes del municipio cullerdense. Vallado Los que tampoco eran ajenos a esta situación eran los residentes en la zona, que, en reiteradas ocasiones, habían denunciado el abandono que sufría el recinto a los responsables municipales. La respuesta del gobierno local era que, al ser todavía propiedad del Ministerio de Defensa, lo único que podían hacer era pedirles -como así lo hicieron- que vallaran las instalaciones para evitar la entrada de desconocidos. Sin embargo, el Ayuntamiento de Culleredo ha decidido cambiar de planes y pedir al Gobierno que les ceda los terrenos. Su objetivo es levantar en la zona un campo funerario -el primero que habría en el área metropolitana-, aprovechando la gran extensión de la parcela del Polvorín. El regidor cullerdense, Julio Sacristán de Diego, explicó ayer que los acuerdos con el Ministerio de Defensa ya están bastante avanzados y que es posible que en breve tenga lugar la permuta de terrenos. Una vez que la finca pase a manos del gobierno municipal se comenzarán los trabajos, que consistirán en la demolición de las naves de la antigua fortificación para poder construir un campo funerario de baja densidad en el que no se levantarán bloques de nichos.