La situación vivida ayer en la avenida de Alfonso Molina fue una repetición del calvario que miles de automovilistas sufren a diario en la principal arteria circulatoria de la ciudad. Ya en abril del 2002, hace más de treinta meses, el Ministerio de Fomento contestaba en el Congreso de los Diputados a una pregunta formulada por el BNG sobre los constantes atascos registrados en Lavedra. En aquella respuesta, el equipo del entonces ministro, Francisco Álvarez Cascos, constataba que la vía «sufre un colapso total al menor percance o accidente». Aunque la entrada en servicio del túnel de Os Castros ha servido para paliar en parte la alta densidad de tráfico de Alfonso Molina, que llegó a alcanzar los ciento treinta mil vehículos diarios, lo cierto es que ese parche no ha bastado para aliviar los problemas de la principal vía de entrada y salida de la ciudad. Situación precaria En la actualidad, son más de cien mil los coches que diariamente transitan por Lavedra, lo que hace que se mantenga la situación de precariedad. La amenaza de colapso se convierte en una pesadilla cuando caen las primeras gotas de lluvia, algo que no es extraño en Galicia. Soluciones como el desdoblamiento de la vía, o su enterramiento para circular a dos niveles, han sido descartadas por su coste. Mientras, la Tercera Ronda o el plan viario comarcal esperan el visto bueno.