Según el fiscal, el acusado no soportó la idea de tener que dejar su casa y a sus dos hijas El hombre se enfrenta a un año de cárcel y al pago de 300 euros por daños morales
11 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Jamás había ejercido violencia física o psíquica con su mujer, pero el pasado 6 de febrero intentó asfixiarla. A.V.B., de 40 años, responderá el próximo miércoles ante el tribunal de la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña por un delito de homicidio en grado de tentativa. El ministerio fiscal pide que se condene a un año de prisión y el pago de una indemnización de 300 euros a su esposa, P.B.T., de 34 años, por daños morales. Según la acusación pública, concurre en este caso la eximente incompleta de alteración psíquica, aunque también la agravante de parentesco. Según consta en el escrito del fiscal, el matrimonio se llevaba bien y no tenía problemas. A.V.B., que estaba en el paro, se encargaba de levantar a sus dos hijas, de 11 y 7 años, y prepararles el desayuno para que fueran al colegio, mientras que su mujer dormía ya que solía trabajar por la noche. Deterioro en la relación Sin embargo, la relación de la pareja se fue deteriorando desde finales de noviembre del 2003 porque la esposa quería presentar una demanda de separación, a lo que el acusado se oponía. La posibilidad de la ruptura fue creando en él un estado de tensión psíquica que, de forma brusca, explotó el 6 de febrero siguiente. La noche anterior, P.B.T. volvió a hablar con su marido de la necesidad de separarse, al menos durante un año. A.V.B. no se alteró durante la discusión con su pareja pero, al día siguiente, sobre las nueve menos cuarto de la mañana, al marcharse sus hijas al colegio, se dirigió de repente al cuarto de baño, cogió una toalla grande y la colocó sobre el rostro de su mujer, que estaba acostada, se sentó a horcajadas sobre ella y presionó fuertemente para asfixiarla. «No lo hagas» Pero ella se despertó y, tras un breve forcejeo, logró zafarse y que su marido retirase la toalla de la cara. Asustada, le dijo: «No lo hagas, no lo hagas que yo te quiero», a lo que él respondió: «Sí, tú no me quieres». La mujer aprovechó para defenderse y le mordió en un dedo, y fue entonces cuando él recobró plena conciencia y se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer. Apesadumbrado, fue al salón, donde conversó con su esposa con normalidad. Según recoge el escrito del fiscal, el procesado tenía en el momento de la agresión la mente casi totalmente obnubilada debido a la profunda e insoportable tensión que le causó la idea de tener que abandonar el domicilio familiar y verse privado de la compañía diaria de sus hijas si su esposa presentaba la demanda. Como consecuencia del ataque, P.B.T. sufrió un edema en el labio inferior, con marcas de dientes en la mucosa de la cara interna del labio, herida que curó en ocho días.