HERCULÍNEAS | O |
08 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN LA medianoche del sábado un grupo de veinteañeros, aunque la mayoría ya más cerca de los treinta que de los veinte, celebraba un cumpleaños en algún lugar de Monte Alto. Picoteo, conversaciones, saludos, regalitos, bromas simpáticas, proyectos comunes y una artista que pasa a hacer unas fotos pero retrasa todo lo que puede la marcha porque queda enganchada en el ambiente. La noche discurre tranquila y en un momento alguien silencia la música enlatada, coge una guitarra y empieza a arrancarle canciones. Una de las primeras, que corean todos, tiene como letra una retahila de preguntas: «¿Quién le escribía versos, dime quién era; quién le mandaba flores por primavera, quién cada 9 de noviembre, como siempre sin tarjeta, le enviaba un ramito de violetas». Sorprende que varias décadas después aquella historia que contaba, y cantaba, Cecilia sea tarareada por quienes ni habían nacido la primera vez que sonó, esa historia mil veces repetida, mil veces versionada, pero fresca como el pan de esta mañana: «Tenía el hombre un poco de mal genio y ella se quejaba de que nunca había sido tierno...». La vida en una canción. Quizá hoy sea un buen día para enviarle ese ramo de violetas, por los malos genios, aunque sea sin versos. manuel.rodriguez@lavoz.es