Adiós al Obélix del parque de bomberos

Bea Abelairas
Bea Abelairas A CORUÑA

A CORUÑA

Perfil | Un agente veterano

02 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?os bomberos enterraron el día de difuntos a uno de los suyos. «Villa era algo más que un veterano, incluso desde que tuvo que jubilarse en enero se contaba con su criterio para casi todo», asegura uno de sus compañeros. Juan Villanueva Ares nació en el año 1948 en el barrio de Monte Alto y desde ayer descansa muy cerca, en el cementerio de San Amaro. Pasó buena parte de su juventud embarcado en naves de la marina mercante, pero a los 30 años ingresó en el cuerpo de bomberos y hasta hace diez días ése seguía siendo uno de sus lugares preferidos. «Siempre fue un fuera de serie, recuerdo que cuando ingresamos en el cuerpo nos dejó completamente impresionados con su capacidad física, se puso a hacer flexiones y podía con todos a pesar de ser mucho mayor. Sois unos chavalines, recuerdo que se mofaba», asegura José Villar, el sargento del grupo en el que Juan Villanueva trabajó durante más tiempo. Arriesgado Además de su forma física brutal, sus compañeros no se cansan de enumerar sus cualidades como bombero. «Hace veinte años él ya hacía cursos de escalada, cuando nadie había oído hablar casi de eso, pero sabía que eso le podía ayudar a ser mejor. Muchísimas tardes, desafiaba el frío y se iba a entrenar a la torre», comenta un compañero. La actuación de Juan Villanueva fue determinante en muchos siniestros. Cuando en 1999 se incendió el edificio del Banco Pastor en el Obelisco estuvo a punto de perder la vida. «Se arriesgó todo lo que pudo, se adentró entre la humareda para tratar de airear el local y no era capaz de localizar más que ventanucos. Ese día lo pasó muy mal y terminó herido», recuerda su sargento, al que Villanueva llamaba cariñosamente Pituco, a pesar de ser su superior. «Era uno de los jefes, de esos que no tienen rango, pero que todos respetan, un espíritu libre al que le gustaba ir contracorriente. Eso sí, no creo que tuviese ni un solo enemigo», comenta un compañero. Juan Villanueva arrastraba una larga enfermedad desde hace casi una década, pero nunca quiso claudicar ante ella. En enero los médicos le dijeron que tenía que dejar de trabajar, pero sus compañeros en el cuerpo de bomberos aseguran que aún entonces no se dio por vencido. Es más, hace diez días se pasó por el parque y todos aseguran que era el mismo de siempre: un bonachón invencible.