Un día de perros

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Crónica | Problemas de recogida de un cachorro en Arteixo Avatares de una familia de A Zapateira que halla un can y la única alternativa que tiene para deshacerse del animal es pagar 40 euros o a la perrera coruñesa o a Protección Civil arteixá

08 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?ás que perrita parece un choco de la ría. Pequeñísima, gordita y negra como el azabache. Un sol. Apareció el jueves por la noche, en una vivienda de la urbanización A Cornixa de A Zapateira, con su hocico puntiagudo, llorando como una magdalena, suspirando comida y mimo, moviendo las caderas. La mujer de la casa salió a su encuentro alertada por los gemidos que sonaban en el jardín, bajó los ojos y vio unas lágrimas que goteaban de los pequeños bigotes de aquella cosita. La perrita meneaba su cabeza para que se fijara en ella, hacía círculos en la hierba para hacerse la simpática y hasta fingía ser lo que no era, un perro de raza. Se le dio comida y un rincón con calor. Y se ganó el afecto. A esta familia, que tiene un Samoyedo, se le hacía cuesta arriba otro can. Lo tuvo claro desde el principio: a la mañana siguiente preguntaría por la urbanización en busca de sus amos y si la empresa fracasaba, como fracasó, llamaría a la perrera municipal. La perrita, que lloró toda la noche hasta la mañana siguiente, cayó en una casa en la que los perros son como los camareros, los murcianos o los pinchos de tortilla: algunos les parecen admirables, otros les inspiran indiferencia y muchos estimulan su desprecio. Esta perrita entró por el ojo desde el principio. Pertenece al primer grupo y por ello acechaba el peligro de encariñarse con ella y empezar a convertir la casa en una residencia canina. Acogida Había que moverse rápido. Pero ocurrió lo peor: despertaron los niños de la casa, de doce y cuatro años. Al de doce es fácil convencerlo de que no se puede con dos perritos. Pero con la de cuatro años se antojaba una misión imposible, sobre todo porque creyó que era un regalo que le mandó su abuelito desde el cielo. ¿Cómo convencerla? Pues el padre salió como pudo. Le contó que el papá de la perrita, un gran danés con voz ronca y chistera, les había pedido que se quedaran un día con su hijita porque tenía una cena con su esposa, una dálmata guapísima. Y que al día siguiente volverían a por ella. La niña se lo creyó. ¿Pasó lo peor? No, padre. Lo peor estaba por llegar. Primero: por la zona no aparecieron sus dueños. Segundo: Protección Civil de Arteixo, municipio al que pertenece la urbanización, no podía ir a recogerla ese día. Tercero: la perrera municipal de A Coruña se niega a ir a por ella porque el animal es de Arteixo. La familia optó por llevarla en persona a la perrera municipal coruñesa. Allí le dicen que la perrita es de otro ayuntamiento y si quiere dejarla tendrían que pagar 40 euros. Son las normas. La mujer se negó y regresó de nuevo a casa con la perrita. Insistió telefónicamente con Protección Civil de Arteixo. Desde allí le dicen que si se quiere deshacer del perro tendrá que pagar 40 euros. Cansada del trajín, la mujer preguntó: «¿Y si voy a Arteixo y la dejo abandonada frente al Ayuntamiento?». «Haga lo que quiera, pero si alguien la ve...», le respondieron. Así transcurrió el día, un día de perros, con una familia rezando para que se produzca el milagro y que el papá gran danés vaya a recoger a su cachorrita después de la cena con su esposa, la bellísima dálmata. Moraleja: «Nunca tengan buen corazón con los animales abandonados, les intentarán sacar 40 euros», aconseja la familia. Y una más.