Una oración más poderosa que la bomba atómica

La Voz

A CORUÑA

07 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue un milagro. La bomba de Hiroshima, que EE. UU. lanzó sobre esta ciudad japonesa el 6 de agosto de 1945, al final de la II Guerra Mundial, arrasó con todo y todos en un radio de dos kilómetros y medio. Pero un convento de jesuitas alemanes quedó intacto en mitad de la destrucción. Sólo estaba a un kilómetro del epicentro del hongo atómico, pero la residencia quedó en pie (no así la iglesia, que estaba justo al lado) y los ocho misioneros sobrevivieron. El padre Schiffer era uno de ellos. Vivió 33 años más tras la explosión. En 1976, cuando contó su experiencia, sus compañeros también seguían vivos. Interrogado y examinado por más de 200 científicos, nadie ha sabido explicar cómo se libraron de la muerte. Schiffer lo atribuyó a la protección de la Virgen. Tampoco hubo respuesta racional a por qué la casa no resultó afectada. El padre sólo dio una razón que la hacía diferente a las otras: «Rezábamos el rosario todos los días en esa casa». El milagro se repite En Nagasaki, la otra ciudad devastada, un convento franciscano también quedó intacto tras la bomba. Sus inquilinos, a los que nada pasó, dijeron que ellos también rezaban el santo rosario a diario.