HERCULÍNEAS | O |

05 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«El que contamina, paga». ¿Recuerdan la frase? Pues échenla a la hoguera porque aquí el que contamina ni paga ni se pone colorao. Aquí, poner una empresa que huele que espanta no es delito ecológico ni nada que se le parezca. Sí amigos, no se lleven a engaño. Aquí nos cuentan que son empresas que se desgastan en beneficio del prójimo, sin aguardar ninguna recompensa terrenal, sólo por el bien de la comunidad y su salud laboral, y tragamos. Vaya si tragamos. Destruir el paisaje de la ría y llenarla de residuos tampoco es delito ecológico, es una coyuntura medioambiental. Tener que movilizar una flota de camiones para retirar 5.000 metros cúbicos de basura no es delito ecológico, es densidad de tráfico. Obligar a que todos paguemos 4.000 millones de las viejas pesetas para limpiar el vertedero de Bens no es delito ecológico. Pero arranque usted una encina en los cuatro ferrados que heredó de su abuelo y donde puso en plan simpático una casita para la labranza. Ocúrrasele a usted meter a un jilguero en una jaula. Atrévase a cortar dos carballos que, además, están enfermos. El Ministerio de Medio Ambiente, la Consellería, el Ayuntamiento, y la mismísima Guardia Civil le echarán directamente la perpetua. alberto.mahía@lavoz.es