Reportaje | La ciudad en la literatura Mondadori reedita el gran clásico de Daniel Defoe, en el que su protagonista desoye los consejos de viajar por tierra entre Lisboa y A Coruña, donde debía embarcar hacia Francia
25 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Daniel Defoe (1660-1731) pasó a la historia por dos títulos: El diario del año de la peste -el predilecto de eruditos y críticos- y Robinson Crusoe , el gran clásico de la literatura de aventuras. El prestigioso sello Mondadori acaba de reeditar precisamente el segundo, con una extraordinaria traducción de Julio Cortázar y un prólogo del Nobel Coetzee. Todo un lujo para los lectores. Y para los coruñeses, que pueden ver cómo su ciudad se desliza -aunque sólo sea de paso- por uno de los grandes clásicos de las letras universales. A Coruña se asoma al texto hacia el final de la primera parte de la novela, cuando el héroe, finalmente de regreso en Europa después de abandonar la isla en la que permaneció durante más de veinte años, se encuentra en Lisboa. Allí se decide Robinson a retornar a Inglaterra para arreglar sus negocios e iniciar una nueva vida. Obviamente, y después de sus largas desventuras marítimas, Crusoe se resiste a hacer el viaje en barco. Quiere reducir a lo mínimo -es decir, al paso del canal de la Mancha- el trayecto de navegación. Mejor pisar tierra firme. El debate Tras darle mil vueltas al itinerario, el protagonista del relato confía sus pensamientos al capitán que le recomienda cruzar Portugal y llegar a A Coruña para embarcarse allí hacia La Rochelle y pasar luego el canal hacia Dover. Y ahí se quedó nuestra ciudad fuera de juego. Defoe, conocedor de la geografía española como buen viajero que fue, se decanta por una ruta terrestre hacia Madrid. «Después de atormentarme así con mis pensamientos, acabé por confiar mis aprensiones al anciano capitán, quien se apresuró a pedirme que no viajara por mar, sino que hiciera el viaje a La Coruña por tierra, cruzando allí el golfo de Vizcaya hasta La Rochela, desde donde había un cómodo y seguro viaje por tierra a París, luego a Calais y Dover. El otro camino consistía en llegar a Madrid y de ahí por tierra a París», cuenta Robinson. Para que A Coruña se colase en la narración debía Crusoe navegar entre nuestra ciudad y La Rochelle, y entre Calais y Dover. Demasiado mar para el torturado compañero de fatigas de Viernes. La «extraña aversión» a embarcarse que sufría el héroe cambió las tornas y A Coruña se quedó en el tintero: «Tan inquieto me sentía ante la idea de navegar que, salvo el obligado tramo de Calais a Dover, me decidí a hacer la travesía enteramente por tierra». No ganó la partida a Madrid, pero A Coruña al menos se asomó un instante a una obra mayor de la literatura británica.