Reportaje | Desde O Temple hasta A Pasaxe Basura en el fondo del mar, baldosas que se mueven, pintadas... Los aficionados a caminar junto a la ría de O Burgo no se dejan desanimar, pero exigen soluciones
20 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La bajamar deja al descubierto cada día la cara menos amable de la ría de O Burgo. Aves marinas e insectos campan por un fango convertido en improvisado cementerio de latas de refresco, botellas vacías, envoltorios, plásticos y neumáticos. Esqueletos de lanchas abandonadas y un carrito de la compra tomado por las algas son el plato fuerte de esta galería de los horrores. Más allá, ya junto a los bloques de viviendas, una bandada de gaviotas intenta acomodarse en un torrente de aguas residuales. El panorama no parece desanimar a los vecinos de O Burgo, que, a pie o en bicicleta, solos o con sus animales domésticos, invaden el paseo marítimo a media mañana al amparo de los últimos coletazos del verano. Pero no escatiman críticas al estado de la zona. «Una vergüenza», dice Ana Souto, que vive en la zona desde hace dos años. «Unha porquería», avanza su vecino Andrés Garaboa. Una tercera residente, Carmen García, añade que, cuando baja la marea, el olor de la basura mezclado con el del salitre pesa como una losa sobre el aire de O Burgo. Los tres coinciden en señalar que la zona permanece desatendida por el Concello de Culleredo y por la Xunta. «Un peligro» Si se sube del fango de la ría al empedrado del paseo marítimo -a través de una escalinata, por ejemplo, casi obstruida por algas secas y latas oxidadas-, el panorama no cambia mucho. Las baldosas del paseo, así como el carril bici que atraviesa los jardines, presentan baldosas inestables o desprendidas y desconchados en numerosos puntos: «Un peligro para los niños y personas de edad», según Alba y María José Cayado, que han sido testigos de algunos incidentes en la zona. El deterioro ha alcanzado también al mobiliario urbano. Un bache se extiende por el suelo de un refugio situado junto a los servicios sanitarios, mientras que las losas desprendidas de los pedestales de algunas farolas tapizan el fondo de la ría, donde también yace una papelera. La basura, el deterioro y las pintadas no impiden a María José y a Alba Cayado salir a pasear con su perro, ni a Ana Souto y Carmen García aprovechar los últimos días de sol, ni a Andrés Garaboa charlar con sus amigos en un banco con vistas a la ría. Sin embargo, la situación actual del paseo marítimo de O Burgo sí representa para ellos una pequeña espina en un entorno «muy bonito y muy verde», según señala Ana Souto. Una mujer que pasea con su nieto pide a la fotógrafa que enfoque bien con su cámara la basura, «para que se entere la Xunta». Autocrítica Una de las hermanas Cayado prefiere recurrir a la autocrítica: «El Ayuntamiento debe proporcionar unos servicios, pero los ciudadanos han de respetarlos», asevera. La mayoría de los vecinos aseguran que los gobiernos autonómico y local no se ponen de acuerdo para realizar las mejoras; pero todos piden, al menos, un poco de empatía de parte de los políticos: «Non sei a quen lle corresponde -se queja Andrés Garaboa-, pero o señor alcalde e don Manuel [Fraga] tiñan que vir aquí e ver isto».