El perfume

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY DÍAS en que sopla viento del sur, o del oeste, ni se sabe ya, y a la ciudad le huelen los pies, le canta el alerón, arrecian sobre el casco urbano perfumes amargos de axila industrial, efluvios ácidos como un puñal en las fosas nasales del incauto que se atreve a patear la calle sin escafandra. Los peatones han curtido su olfato y se quitan la máscara antigás para debatir sobre el repertorio callejero de cheiros: huele a basura, a peixe podre, a petróleo, a lluvia, a algas muertas, a depuradora, a ría, a cloaca, a puerto, a algunos hasta les huele sin más a Coruña, la ciudad donde ningún aroma es forastero. A este paso, nos vamos a convertir todos en una especie de sumilleres del aire. «Hoy el Nordés tiene un toque de canela y tabaco con un poso largo de aguas residuales en el paladar», soltó el otro día un tipo enjuto en el ágora del bar de la esquina. Hay días en que a esta ciudad le apesta el aliento, como si acabase de despertar de una noche de un millón de años y los dinosaurios le hubiesen dado un beso de tornillo. A Coruña tiene un tufo barroco, entre metano y escamas de sardina. Hay algo podrido en los sobacos de su cielo y, al contrario que en aquel anuncio cursilón de la tele, aquí las nubes sí que cheiran. luis.pousa@lavoz.es