Testimonio
08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?rimero el rayo, después el trueno. A las nueve de la mañana, apenas se escuchó tronar en el alto de Altamira, a caballo de los ayuntamientos de Carral y Cambre. El cielo negro pegó un latigazo, después otro, y otro. No sé cuantos. Saltaron chispas de una caja eléctrica, se fue la luz y no me dio tiempo a tener miedo, porque todo fue demasiado rápido. «Nunca había visto nada igual», comentó Vituco Leirachá, al que suponía curtido en mil tronadas. El último rayo partió en dos un enorme pino que estaba a la entrada del centro de oportunidades de El Corte Inglés. El estruendo fue ensordecedor. Si hace esto con un tronco ancho, que hubiese pasado si me cae a mí, debió de pensar el vigilante de seguridad que estaba a dos metros cuando golpeó la tormenta. Afortunadamente, el único que no lo podrá contar es el árbol. La tormenta pasó, el día en que los vecinos de Carral rezaron a la Virgen del ¡Socorro!