HERCULÍNEAS | O |
23 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO EL PASTOR se ilumina fantasmagórico, a media noche, la silueta de Batman se recorta sobre la cornisa. Desde allí, Bruce Wayne nos protege de... ¿de quién? Lo cierto es que la figura que cada agosto aparece por allí en el Salón del Cómic bien podría estar tomándose un filete en La Bombilla en vez de vigilar, porque A Coruña es patria de héroes. Si un criminal se atreve a pisar el Cantón, es imbécil: a pocos metros de Batman está Spiderman, y en María Pita esperan Astérix, Obélix y el Príncipe Valiente. Y eso suponiendo que el villano haya superado al Superman de la entrada de la ciudad. Todo demasiado empalagoso. Aquí faltan los malos. Por qué colocar a Batman en el Pastor si no hay un Joker junto al Colón que le ponga nervioso con el mítico «¿has bailado alguna vez con el diablo a la pálida luz de la luna?». ¿Cuál es la razón de existir de los héroes si no tienen adversario? Sin ellos, sin los malos, no habría cuento, ni viñeta, ni argumento, ni nada. No me refiero a la chusma, sino a los que a veces brillan más que los héroes: Magneto, Lex Luthor, los romanos de Petibonum, el Joker, el doctor Muerte. A Coruña también debería hacer sitio a esos otros mitos. juan.gomezaller@lavoz.es