HERCULÍNEAS | O |
10 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.YA ESTÁ bien de cuerpos Danone y de las niñas de la gimnasia acuática, que son como un silbido. Mi ídolo es el guineano Eric Moussambani. Sí, aquel hombre al que le llevó un mundo nadar la piscina olímpica de Sidney. Que me anoten como presidente de su club de fans. Con esos individuos que corren más que la luz no sentimos el menor compromiso porque nos dan una envidia horrible, pero con Eric es distinto porque ya no es que nade como nosotros, es que todos los que lo vimos nadar pensamos: «a ése le gano yo». Y ahí está su grandeza, su tirón, el verdadero espíritu olímpico. Eric es uno de los nuestros, de los que no sabemos hacer la O deportiva con un canuto. Nada como nadamos todos, dándole a la cabeza, ahogándose casi. Como Dios manda. Eric es además doblemente nuestro, en cuanto guineano. Los ingleses dejan atletas de medalla de oro en sus antiguas colonias; pero nosotros, señores que en su vida se han visto en otra, que van a la Olimpiada como el que se apunta a la Legión. Y nada digo de cómo se hubieran quedado en Sydney, de piedra pómez, si Eric llega a sacar su otro gran estilo, tan de todos nosotros: la panzada. Eric no estará en las Olimpiadas, así que mi interés sólo se centra en Chuny Bermúdez. Por coruñés y por oro seguro. Ánimo. alberto.mahía@lavoz.es