Entrevista | Antonio Orgeira Sánchez
13 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La vida de Antonio Orgeira (A Coruña, 1941) estuvo atada quince años a la grúa municipal, a la que se subió por primera vez en 1978 y de la que sólo se bajó para dejar paso a la concesión privada que hoy gestiona el servicio. De hecho, es el policía local en activo con más años al frente del furgón de retirada de vehículos. -¿Cómo se tomaba la ciudad la presencia de la grúa en los años setenta? -Antes la gente no estaba acostumbrada, eran otros tiempos y a veces llegaban algunos engreídos que nos amenazaban con hacernos dejar el uniforme, con echarnos de la policía, si nos llevábamos su coche al depósito. Pero nosotros no nos fijamos en la marca del coche o en su dueño. La ley es igual para todos. -El año pasado se recogieron más de 16.000 vehículos en las calles de la ciudad. Supongo que entonces habría menos trabajo. -Sí, cada día nos debíamos de llevar 10 o 12 coches al depósito, que primero estaba en la Casa del Mar, luego en San Roque y más tarde lo terminaron trasladando a Orillamar. Es cierto que también había otros medios: a mí me tocó la misma grúa que empezó a funcionar en el 74, un Land Rover de seis cilindros con una pequeña góndola, que era como un carro de mulas malo. -¿Cómo se vive a diario con una profesión tan conflictiva? -Hay gente que reacciona violentamente, pero gracias a Dios nunca me sacaron una navaja ni me agredieron. En quince años escuché insultos de todo tipo, desde el clásico «ladrones» hasta «hijo de...», pero terminas cociéndote. Acabas haciendo oídos sordos. Lo que está claro es que no nos merecemos ni la fama ni el trato que nos daban. Nosotros nos limitábamos a hacer nuestro trabajo: librar a la ciudad de los coches que, mal estacionados, colapsaban las calles. -Esos quince años deben de haber dejado una sensibilidad especial a los problemas del tráfico. -Soy de los que jamás de los jamases aparca en doble fila.