Un espejo

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

A CORUÑA

EN TINTA CHINA | O |

26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS HÚMEDAS galerías de la Marina nacen en el páramo castellano. Como lo leen. Vienen de Segovia. La Fábrica de la Granja de San Ildelfonso es su origen. Ahí hacen, en 1759, el vidrio plano y cortado que convertirá los balcones corridos o solanas en una de las postales de la ciudad. Escribe Saramago en La balsa de piedra que la península ibérica se desgaja de Europa y se hace a la mar. Escribe Fernández Flórez que A Coruña es como la cubierta de un trasatlántico, que la ciudad podría hacerse a la mar con los camarotes de lujo de sus galerías. Cierto el símil marino. De las popas de los galeones del siglo XVIII nacen estos balcones cubiertos. Primero se dejaron ver en Ferrol, Pontedeume y Betanzos. Luego fueron imagen de marca en A Coruña, Vitoria y Burgos. La guillotina de la ventana detiene el temporal. Este cuento de las galerías viene a cuento de las rehabilitaciones meritorias que se hacen en la Pescadería, de San Andrés a Panaderas. No todo va a ser feísmo. El poco frente y mucho fondo del particular loteo en la zona hacía que los arquitectos tuviesen que afinar su propuesta de fachada. Surgieron así joyas como el 13 de Panaderas con su orden corintio o el 69 de San Andrés, con su vértigo gótico. Es una buena noticia que la ciudad se reinvente en ese istmo arenoso, delgada cintura, que une puerto y playa y por el que en su día crecimos desde la Ciudad Vieja hasta el Ensanche. Escribe Cunqueiro que, cuando el sol da en las galerías de La Marina, la luz se multiplica tanto que los brillos proponen que lo que hay allí es un tesoro de monedas de oro. La galería es un espejo, un reflejo, está bien que cuidemos el reflejo de nosotros mismos en el corazón de nuestra urbe. Es de inteligentes respetar el pasado para crear el futuro.