Setenta años después

La Voz

A CORUÑA

El pulso de la ciudad Emilio Corral acudió a la fiesta del noventa cumpleaños de Felisa Vázquez, con la que compartió actuaciones del grupo Cántigas da Terra en la década de los treinta

12 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?n el disco duro de sus memorias entró el virus de la edad. Año arriba, año abajo, al principio no se pusieron de acuerdo en la fecha exacta en que fue tomada la hermosa imagen de la izquierda. Al fin coincidieron en que tuvo que ser en 1934. «Es de cuando actuamos en Sigrás. Yo tenía 24 años y tú 20», sentenció Emilio Corral Vázquez y convenció a Felisa Vázquez Pena . La fotografía del gaiteiro y la corista fue portada de la desaparecida revista semanal Estampa que Joaquín Blanco , uno de los hijos de Felisa, conserva como oro en paño. Esta semana Felisa cumplió 90 años -ella sostiene que son 89- y Emilio, que tiene 94 muy bien llevados, asistió a la fiesta de cumpleaños de su antigua compañera de baile. ?elisa vive en Los Olivos, una vivienda comunitaria situada en Oleiros. «Está bien, pero necesita cuidados constantes», me comentó su hijo. Comparte casa y jardín con otros once veteranos de la vida y el martes recibió la visita de Emilio. Su longeva amistad pasó por varias etapas. Ella dejó Cántigas cuando se casó y perdió el contacto con el gaiteiro. Hace diez años se encontraron por casualidad y empezaron a quedar para tomar café o ir a conciertos. El folclore los unió, los avatares de la vida los separaron, y la viudedad de ambos los volvió a unir. Amigos para siempre. ?milio Corral (Juan Flórez, 1910) no dejó la música por el matrimonio. Fue compositor de piezas de gaita y trabajó como maestro de clarinete en la Banda Municipal. Pero no estamos ante un músico cualquiera, sino ante un hombre que colecciona galardones y que, cuando Martínez Risco presidía la Real Academia Galega, fue nombrado gaiteiro mayor del reino de Galicia. En 1956 recibió el primer premio de instrumentistas en un festival internacional en País de Gales, título que revalidaría años después. «Quién me iba a decir a mí que aquella foto de Sigrás tendría ahora tanta trascendencia», comentó con simpatía. ?on dos velas, una con el nueve y otra con el cero. Felisa compartió el dulce caprichito con sus compañeros de residencia, la familia y su querido gaiteiro Emilio. Les pedí que posasen como hace setenta años, ella sentada y él admirándola con cariño. No tienen la movilidad de entonces, pero conservan lo más importante, una amistad a prueba de años.