HERCULÍNEAS | O |
02 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ESTA CIUDAD bautizada con nombre de mujer intenta tapar sus arrugas, cambiar su cara, arreglar las zonas en las que su piel está ajada. Es una cirugía urbana lenta, no silenciosa porque se hace al compás del sonido de los edificios viejos derrumbándose y los nuevos creciendo, ladrillo a ladrillo. Hay calles como la de Chile, detrás de la Estación de Autobuses, que ha sido demolida casi entera -sólo media docena de casas han resistido- y edificada de nuevo. Rubine lleva un camino semejante. En otros lugares, como la barriada de A Falperra, una decena de edificios en construcción contrasta con los imposibles recovecos urbanísticos que, asombrosamente, siguen habitados con plazuelas sacadas de los libros de historia. Hay lugares en los que el cambio tiene más espectadores, como las galerías de la calle Real, de la plaza de María Pita o la Dársena, mientras en otras calles, como Puente o A Gaiteira, las modificaciones son menos llamativas. La lista sería interminable, aunque el resultado final.... «A esta se le nota que se ha estirado y no quedó bien», es el comentario ante las revistas que te ponen mal del hígado y con esta mujer-ciudad pasa igual: Se nota que la estética de la cirugía urbana ni siquiera está planificada; ¡lástima de oportunidad perdida para ponerla guapa!