«Cuando bebe, es un monstruo»

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Crónica | Juicio contra un maltratador Un hombre que agredió a su mujer acepta una condena de un año de cárcel

01 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A ojos de su esposa, que lo conoce mejor que nadie, Víctor es un santo. Pero cuando bebe, que lo hace muy a menudo, «se vuelve un monstruo». Pega, insulta, humilla, amenaza... Su última mutación se produjo hace hoy quince días. Comenzó a beber muy de temprano y por la noche cogió a su mujer a golpes delante de la hija de ambos, que sólo tiene tres añitos. ¿Por qué fue esta vez? Porque su esposa llevaba unos pantalones muy ajustados. Sólo por eso. Ayer se volvieron a ver las caras en el Juzgado de lo Penal número uno. La de él, como si nada, mostraba tranquilidad. La de ella, ya recuperada. Ya no tenía los ojos cerrados e hinchados de la brutal paliza que le propinó el hombre con el que viajó a España desde Colombia para tener mejor vida. ¿Mejor vida? El fiscal pedía para él una condena de dos años de prisión y otros tantos de alejamiento. Finalmente, el abogado del maltratador alcanzó un acuerdo con la acusación y la pena se redujo a un año de prisión. Pero la orden de alejamiento se mantiene. Reincidente Fue lo primero que dijo la mujer al presentar la denuncia: «Me maltrató siempre, desde que nos conocimos». Según reconocieron tanto el maltratador como su víctima, el pasado 20 de marzo un juez le impuso a este inmigrante colombiano una orden de alejamiento de su esposa después de propinarle una paliza. El hombre decidió poner tierra de por medio, abandonar el domicilio familiar de Vilaboa y buscar fortuna en Barcelona. Casi con un pie en el tren, su mujer lo llamó. Como hizo siempre, para decirle que le perdonaba, que no podía vivir sin él y que tenían que intentarlo de nuevo. Víctor regresó a casa, incumpliendo la orden de alejamiento, aunque a petición de su esposa. El idilio duró hasta el 16 de mayo. Víctor comenzó a beber cervezas por la mañana. Por la tarde recogió a su esposa e hija en casa y fueron a pasear por Santa Cristina. Ella llevaba unos pantalones vaqueros ajustados y a él no le gustaban. No por moda, sino por celos. Comenzó a insultarla, para luego recordarle: «Ese culo sólo es para mí, ¿por qué se lo quieres enseñar a todo el mundo?». Continuó con más insultos y amenazas hasta que la mujer decidió marcharse para casa. Unas horas después, la esposa lo llamó de nuevo. Quería volver a estar con él. Quedaron en la calle y é apareció en coche. Ella se subió, junto a su hija. No había pasado un minuto cuando Víctor agarró a su mujer por el pelo, la sacó del coche y comenzó a golpearla. Le dio patadas y puñetazos, hasta que ella logró refugiarse en el portal. Pero Víctor, que ya no tenía freno, derribó la puerta de una puntapié, entró y siguió con los golpes. «Me pegó delante de mi hija, que siempre le decía a su padre que no me pegara más», denunció la víctima. Tras este episodio, el juez decretó su ingreso en prisión. Hasta ayer, que aceptó el alejamiento en juicio rápido.