En directo | Primera noche de encierro en el mercado de Elviña El Ayuntamiento envía una carta a los placeros para advertirles de que cometen una falta grave, sancionada hasta con 1.500 euros
27 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?l encierro de 23 placeros en el mercado de Elviña comienza como si se tratara de un campamento de verano. A las ocho de la tarde los comerciantes están eufóricos, por lo que significa la osadía de retar al Ayuntamiento y por la presencia de numerosos medios de comunicación. Alguno echa alguna risa nerviosa cuando ve entrar a los agentes de la Policía Local, aunque no bajan el volumen en sus consignas: «Pagamos nuestros impuestos, queremos nuestros derechos» o «Que venga la Cebreiro, que venga la Cebreiro». Es la casualidad... o no, la que hace que la concejala María José Cebreiro pase por delante del mercado cuando los comerciantes inician su encierro. Todos salen a saludarla. En realidad, a añadir adjetivos a su nombre, algo que los placeros se lo toman como una travesura porque pronto vuelven al interior de las instalaciones. Negociaciones La Policía Local negocia hasta pasadas las nueve y media de la noche la retirada de los placeros pero su portavoz, Delfina Mirás, no se deja convencer y los agentes se retiraran sobre las diez. Entonces, cuando los manifestantes se saben «vencedores», los ánimos empiezan a calmarse. Los placeros se calzan el chándal, las zapatillas de deporte y despliegan las sillas de playa. También sacan algunos asientos de la cafetería y Gabriel, el presidente de la asociación de vendedores autónomos del mercado, sirve cafés a diestro y siniestro. La mayoría ya han cenado así que pronto inician las tertulias alrededor de un tablero de parchís. Allí surgen las conversaciones más animadas y los testimonios más personales. En ese corrillo comentan que no es verdad lo que se está diciendo de los alquileres de los puestos: «Sí, muchos de la segunda planta pagan 110 euros cada tres meses, pero abajo yo pago 380 por cada uno de los dos locales que tengo», comenta una de las placeras. También aseguran que será una importante firma gallega la que ocupe el centro comercial del futuro mercado y que de la otra asociación, la que lidera Leonardo Tomé, sólo mantendrán la concesión entre 30 y 31 placeros: «Muchos han vendido su puesto y no volverán al nuevo edificio, pero los cuentan como si estuvieran a favor del proyecto». Madrugón Dan las doce y las pescaderas son las primeras en meterse en el saco de dormir. Apagan las luces del vestíbulo y arriman las puertas de la calle porque entra un viento frío que cala los huesos. Se tienen que levantar a las cinco de la mañana para ir al Muro a comprar el pescado que, entre bostezos, venderán al día siguiente. De hecho, la gente bromeao toda la noche sobre cómo se levantarán por la mañana y los ánimos que tendrán para la manifestación de las dos de la tarde: «En vez del Padrenuestro dedicado a Vázquez tendremos que rezar un Gloria al Padre, que es más corto». Las comerciantes que se parapetan en la cafetería y que amenizan su encierro viendo Los Serrano y algo de Crónicas marcianas también emprenden camino hacia el vestíbulo. Eva se tumba en una hamaca de playa («así estoy más cómoda») arropada por una manta y el muñeco de su hija Candela, y Belén, después de cuatro coca colas se queda frita enseguida. Un pequeño grupo trasnocha y hace controles por el mercado. Chichi , el perro de uno de los placeros, intenta hacerse un hueco entre los colchones y es testigo de la calma chicha . La gran sorpresa llega al día siguiente. Después de manifestarse como todos los días a las dos de la tarde, los placeros reciben una carta del Ayuntamiento en la que les avisaba que, en caso de seguir con el encierro, se les aplicará el reglamento de mercados. Por una falta grave podrían imponerles una multa de entre 300 y 1.500 euros. La advertencia ha hecho mella y ayer se veían menos colchones en Elviña.