Una chica normal

Víctor Omgbá A CORUÑA

A CORUÑA

Testimonio | Mónica Pastoriza Pastoriza asegura que trata de llevar su vida como la mayoría de los jóvenes de su edad. Sale los fines de semana, estudia informática y trabaja en los talleres ocupacionales

11 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El doctor José Antonio Abrisqueta, jefe de la unidad de genética humana del CSIC escribió: «Un niño con un síndrome de Down es por encima de todo una persona con toda la vida por delante. Lo normal es que se convierta en un ciudadano. Aquí no sólo cabemos, sino que nos necesitamos todos». Mónica Pastoriza, con sus veintiséis años, está convencida de que las barreras invisibles son una actitud mental. Nunca se sintió rechazada. Es tímida y reservada. Ríe mucho. Una sonrisa inocente que combina con cierto recelo a la hora de hablar de su vida. Mide cada palabra que lanza. A medida que va desarrollándose la entrevista, se relaja y empieza a soltar jirones de su vida como con cuentagotas. Relata que ha trabajado en varios sitios y, lo más importante, que siempre ha hecho amigos: «Primero trabajé en el parque Europa, luego estuve en el polígono de Pocomaco, y en el hospital San Rafael trabajé en la lavandería». Sus múltiples ocupaciones y la experiencia adquirida le han llevado a otros destinos, a los talleres ocupacionales. Trabaja desde las nueve y media de la mañana hasta la una y media de la tarde. Varias actividades entran en este proceso de formación: desde el teatro y la pintura, hasta la estampa. Precisa que comparte esas actividades con clases de informática en el local de la asociación Down Coruña cuando no comparte su tiempo libre con su perra, Niña , o escuchando a su músico favorito, David Bustamante. La asociación, explica, intenta dar salida a sus vidas y, sobre todo, acabar con los estigmas sociales. Junto a unos compañeros, algunos de los cuales salen los fines de semanas, acude los miércoles y los jueves a la asociación para aprender informática, «y a manejar los euros». Detrás de esta ocupación, Pastoriza esconde un secreto: tiene un oferta de trabajo, aunque no confirmada, de una empresa. Es el último paso del empresario y lo que le llevaría a la plena integración: «Trato de llevar una vida normal, como todo el mundo». Actriz El destino quiso que se filmase en A Coruña, en el instituto de Monte Alto, una película, León y Olvido, de Xabier Bermúdez, que el pasado mes sacudió las cimientos del certamen de cine malagueño. En el reparto figuran nombres como el del joven Jiménez Guillem, que en la vida real padece síndrome de Down. Pastoriza pudo conocerlo cuando rodaron en la ciudad, ya que ella había conseguido algo único: el papel de una alumna en esta película. Afirma con orgullo que sale en bastantes escenas.