Punta Langosteira, año cero

Ramón Castro A CORUÑA

A CORUÑA

En directo | Un espacio natural con fecha de caducidad El mar se acerca en calma hasta los tojales, pero las rocas, quebradas y peladas, advierten de la dureza que puede alcanzar el oleaje cuando llegue el invierno

16 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Punta Langosteira es un inmenso tojal. Naturaleza en estado salvaje, con apenas un par de caminos de tierra que la comunican con las casitas de Suevos. La altura que alcanzan los matorrales, más de dos metros en algunas zonas, dan fe de la escasa presencia humana en el lugar. Una costa abrupta, venteada, bella, aparentemente infértil. Desde el monte de San Pedro se divisa la esquina de Langosteira. Y desde aquí, el límite del ojo humano lo marca Caión. En medio, las playas de Sabón y Barrañán, ante las cuales se levantará el dique de abrigo del futuro puerto. Millones de toneladas de hormigón para poner una puerta al mar, una barrera de 65 kilómetros de altura y tres kilómetros y medio de longitud. Cemento para detener el ímpetu de las olas y poner fecha de caducidad a un vergel olvidado. El mar está en calma, calma chicha. Se diría que los petroleros entrarán aquí sin despeinarse, al tran tran. Pero las rocas hablan y dicen que no será así. De ahí el inmenso dique que se construirá y los detallados estudios técnicos que avalaron la viabilidad de la obra. ¿Y cómo hablan las rocas? Porque están peladas en los acantilados, rapadas al cero por la fuerza del mar. «Fíjese hasta donde llega al agua. Donde no hay vegetación es porque el mar hace su trabajo», apunta un lugareño. La obra civil será dura. Ocho años habrá para contarlo.