El maestro de las estrellas

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Personajes coruñeses | José María Arana Amézaga Al igual que Enrique Míguez Tapia fue docente perenne de Geografía e Historia en el Instituto Masculino, Arana lo fue de Astronomía y Navegación en Náutica

12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Enrique Míguez Tapia y José María Arana fueron directores de sus respectivos centros durante muchos años. José María había nacido en Plencia (Vizcaya) el 27 de marzo de 1911. Con sólo 14 años, salió a navegar como alumno de Náutica en el vapor Anolrocamendi , luego bautizado como Monte Conte , que efectuaba su navegación de cabotaje por España. En 1932, con 21 años, ya era capitán de la Marina Mercante. Recuerda como el período de embarque más largo el que hizo en el Artogamendi , que estuvo dos años sin tocar puerto español. El viaje de mayor duración fue de Tocopilla (Chile) a Alejandría, con 52 días de travesía. Entre sus vivencias de navegante, destaca un ciclón en un viaje de Estados Unidos a Inglaterra, donde el buque en el que iba estuvo a punto de irse a pique. En total, su historial de navegación mercante fue de 15 años, ocho meses y 24 días. Guerra Civil Durante la Guerra Civil estuvo en la Marina Nacional, equiparado como alférez de navío, continuando posteriormente en la Reserva Naval. También opositó a la cátedra de Astronomía y Navegación de escuelas de Náutica, obteniendo plaza. El 27 de diciembre de 1946 ascendió a capitán de corbeta de la Armada (RNA), siendo destinado a la Comandancia de Marina de A Coruña, en la que coincidió con el hermanastro de Carrero Blanco, Guillermo Carrero Carre. Al mismo tiempo era profesor de Astronomía y Navegación de la Escuela de Náutica. En febrero de 1950 fue nombrado director de este centro universitario, cargo en el que permaneció hasta septiembre de 1970, en que fue relevado por Julio Fernández Argüelles. Continuó como catedrático de Astronomía hasta su jubilación a finales de los 70. Siempre fue considerado un profesor muy competente, habiendo publicado, asimismo, unas tablas náuticas, las Arana-García , en colaboración con otro docente. La vocación En una entrevista publicada en La Voz, en 1950, Arana consideraba que la mejor cualidad del marino era tener vocación, añadiendo: «Hay que amar mucho al mar para hacerse a todas sus inclemencias, que son siempre más de las que uno pudiera suponer. Hoy los alumnos náuticos vienen con mayor cultura que antes, pero luego no tienen ese amor al barco que se tenía en mis tiempos. Entonces el barco lo considerábamos como casa propia y se le quería tanto como a la madre o a la novia». Falleció en los años 90 y fue enterrado en Plencia, su villa natal. Como curiosidad, puede añadirse que aparece con su nombre real en la novela de Camilo José¿ Cela La cruz de San Andrés , ambientada en A Coruña. Dice uno de sus personajes: «Se examinó Fulano en la Escuela de Náutica, donde dicen que el profesor Arana es un hueso». En la realidad, no era un hueso, e incluso muchos alumnos (especialmente vascos) venían de otras escuelas a examinarse con él.