En recuerdo de Manolo

CÉSAR WONENBURGER

A CORUÑA

CRÍTICA MUSICAL | O |

06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS HOMENAJES a Manuel Balboa se suceden con la misma discreción que este sabio y humilde compositor coruñés pasó por el mundo. La Real Filharmonía se propone estrenar su Concierto para violín , en el que aún trabajaba, dándole algún retoque final, cuando nos dejó. Y como no podía ser menos, la orquesta de su ciudad también ha tenido el detalle de rendirle un merecido tributo con la interpretación de Buserán , partitura de encargo para la propia Sinfónica, que ciertamente ofrece un breve pero ilustrativo compendio del arte de un autor para el que la comunicación con el público era esencial. Sin renunciar a emplear los recursos a su alcance, los hallazgos más recientes del lenguaje musical y sonoro, Balboa pone música a la Galicia soñada, como Bartok hizo con su propia tierra, buscando inspiración en un pasado mítico, que él recupera bajo un nuevo ropaje para dar forma a una sustancia profunda, delicada y misteriosa, que apela sin rubor a los sentidos. Como «tenebrismo galaico» definió alguna vez el propio Balboa la atmósfera de sus recreaciones musicales del vivo y hondo impacto emocional que siempre le producía ese recuerdo de la Costa da Morte, que nunca le abandonaría. Víctor Pablo, el director de la formación, tuvo un detalle de gran sensibilidad al alzar la partitura, señalándola, una vez concluida la interpretación, en recuerdo de su tristemente desaparecido creador. Audacia de los procedimientos Román Alís, el segundo compositor en programa, presente en la sala, tampoco es, a juzgar por su obra, de los que tienen que demostrar a toda costa lo listos (y en muchos casos, aburridos) que son. Su partitura no renuncia a gustar, a pesar de que la audacia de algunos de sus procedimientos y sonoridades puedan hacer creer al oído menos avezado que aquello es el non plus ultra de la modernidad. Su Jesucristo en el desierto , obra de poderoso aliento descriptivo, que en sus momentos de mayor densidad recuerda lejanamente a El sueño de Gerontius de Elgar, es una obra plenamente asumida, de excelente factura e interés más que justificado. El joven Puccini La guinda a un estupendo concierto la puso el joven Puccini, con su desigual Misa , en la que ya se puede adivinar el impulso latente del gran creador lírico, su exquisito don para la melodía: los expresivos solos para tenor anuncian sus futuras arias. Como si se vaciase en los primeros números, volcando en ellos sus incipientes saberes y esperanzas, el compositor despacha los últimos con premura y oficio, pero sin la desbordante inspiración y audacia que encierran el Gloria , por ejemplo. Soberbio trabajo fue el de Víctor Pablo, que se mueve como pez en el agua en el repertorio sinfónico-coral, donde da lo mejor de sí mismo. Justo equilibrio La Sinfónica se plegó al gesto dúctil de la batuta, que halló el justo equilibrio entre los momentos introspectivos y los de vigorosa exaltación. Sigue el coro su progreso ascendente, con posibilidades aún insospechadas de nuevos retos, si de verdad se quiere trabajar para el futuro. Barítono y tenor, solventes durante el concierto. Concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia y el Coro de la Sinfónica.