Cinco minutos

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

04 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

TE RECUERDO Amanda, la calle mojada, corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel... La vida es eterna en cinco minutos, suena la sirena... La canción, en blanco y negro, se quedó colgada entre el sueño y la vigilia. En la Plaza de la Palloza la calle está seca, pero sobre un automovilista cae una tremenda tormenta de insultos por pararse sobre el paso de peatones. La mujer amenaza, agita las negras nubes del enfado hasta que se cruza con un chaparrón de inocencia que sale de un portal: -Mamá, ¡mira! ¿Por qué está todo rojo? -Porque está saliendo el sol. La vida es eterna en cinco minutos. Te recuerdo Amanda... El rojo lo envuelve todo, desde las nubes al asfalto, colorea las luces blancas de los cientos de coches que salen en dirección al naciente, rodea el amarillo de la solitaria mimosa del puerto y cubre el verde del pino que intenta crecer entre adoquines. Las prisas matinales son hoy rojas; todos van arañando segundos a los primeros minutos del día. En el poniente hay nubes grises con las que no puede el rojo. El naciente se convierte en una persiana de lamas rojas tras las que asoma el azul. -Mamá, ya se va el rojo. -Sí, apura que viene el bus. La vida es eterna en cinco mágicos minutos; ha pasado una eternidad empieza el día.