Falsa alarma en el Orzán

Bea Abelairas
B. Abelairas A CORUÑA

A CORUÑA

En directo | Una persona creyó ver un cadáver Efectivos de Protección Civil se pasaron horas vigilando la rocas de la zona de la Casa del Hombre en busca de un supuesto ahogado

03 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ino se pasó toda la mañana de ayer al pie de la Casa del Hombre mirando al mar. A las diez estaba flanqueado por sus compañeros de Protección Civil y por la intranquilidad de que la llamada que habían recibido unos minutos antes fuese cierta: una persona creyó ver un cadáver flotando entre las rocas con las que la tierra se defiende del mar en esa zona de la costa. Una hora más tarde, Tino seguía buscando, esta vez acompañando por un buen número de curiosos, la Policía Local y las llamadas constantes y nerviosas de los centros de mando de varios cuerpos. Eso sí, la mayoría eran devotos del paseo marítimo, que interrumpían su caminata asombrados. «¿Cómo, que están buscando un cadáver...?» y se unían al rescate. «Allí, allí. Uy, no, es una bolsa de plástico...¿Y aquello? Parece un cormorán pescando...». Tras un buen rato la adrenalina que genera la desgracia se desgastaba: «Qué barbaridad, ¡Cuánta basura hay en el mar! Mire hasta manchas de petróleo», aseguraban. Tino aclaraba casi en un susurro que las manchas eran algas y volvía a levantar sus prismáticos hacia el mar. Más en invierno A lo largo del año, los servicios de rescate reciben un buen número de falsas alarmas sobre cadáveres flotando en el mar. Curiosamente, la mayoría se registran en invierno. «Una vez hasta confundieron a un buzo con un ahogado, cuando realizaba inmersiones, creían que era arrastrado por la marea», explica el responsable de Protección Civil que ayer vigiló la zona donde una mujer creyó ver un cadáver. Aún así, los servicios de rescate tienen que mantenerse el dispositivo hasta que no identifican el origen de la alerta. Al mediodía, cuando la multitud de personas que lo rodeó en algún momento de la mañana relataba el suceso en la sobremesa, Tino esperaba el relevo, convencido, una vez más, de que no había nadie a quien rescatar.