Hay ropa colgada de las columnas que antaño sostenían la verja de la iglesia de Panaderas. A merced del viento, que silba bajito, se agita una sábana, una funda de cama, camisetas, pantalones y algo que parece un mantel. De ese hecho, de que han tendido la colada en plena vía pública, partimos. ¿Pero para qué lo habrán hecho? Para que se seque, seguramente, pero habrá que comprobarlo. También puede tratarse de una manifestación artística, que instalaciones menos originales se ven en ciertos museos. Y no hay que olvidar que a unos metros cae el Dublín, cuya clientela es de las más inquietas de la ciudad en materia cultural. Así que entramos en el bar. No saben nada del asunto. Un camarero quiere ver de lo que le está hablando el periodista. Sale del local y ofrece una primera pista: «¡Ah! Será Teresa, la señora indigente que anda por aquí». Unos pasos más arriba se sigue excavando el antiguo Papagayo. Tan profundo es el buraco que parece que lo ha producido el meteorito de marras. Todavía no han llegado a Nueva Zelanda, pero los operarios están trabajando en ello. Un obrero asoma la cabeza por la puerta metálica que tapia el cráter a la vista de los paseantes. Le preguntamos si sabe quién ha tendido la colada. «Una demente», responde. Y se lanza: «Al principio, yo creía que era algún tipo de protesta, que alguien estaba reclamando algo». El hombre sació su curiosidad cuando apareció por la calle la Policía Local. Sí, fue la tal Teresa. «Me han dicho los policías que es una mujer que está acogida en un centro, pero que es muy rebelde y se escapa». «Es la primera vez que lo veo», dice el obrero. Pero los vecinos cuentan que no es la primera vez que la señora lava la ropa en la pequeña fuente que hay delante de la iglesia y después la tiende en Panaderas, «aunque antes lo hacía en un rincón más recogido». La policía se fue y la ropa quedó allí tendida. A las dos y media ya estaba seca, pero Teresa no había pasado a recogerla.