HERCULÍNEAS | O |
16 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.CONTABA ayer Jan Davis en Zalaeta que ella creció en una ciudad donde se construían naves espaciales. De niña escuchaba el rugido de los motores, «que hacía temblar todas las casas». Aquel sonido, aquel terremoto controlado, no le asustaba. Le inculcó una vocación. Se hizo astronauta. De la NASA. Realizó tres viajes espaciales y giró 445 veces alrededor de la Tierra a 26.000 kilómetros por hora. Requería mucha imaginación, o mucha lectura temprana de Carl Sagan o Julio Verne, nacer en A Coruña y soñar con ser astronauta. La mayoría de mis compañeros de colegio querían ser futbolistas (ellos) o enfermeras (ellas, claro). Cuando se sueña despierto, la mente vuela, pero se suelen tener los pies sobre la Tierra. Ayer, Jan Davis visitó a los alumnos del instituto Zalaeta. Ellos ya tienen materia para soñar con ser astronautas, la que le faltó a mi generación y a las anteriores. Y no sólo disponen de esta materia los privilegiados estudiantes de Zalaeta, sino los alumnos de todos los institutos y colegios que han visitado en los últimos años la Casa de las Ciencias, en la que hace nada había una exposición sobre cosmonáutica rusa. Con estos mimbres, un coruñés puede soñar con ir a la Luna, e incluso, como Buzz Lightyear, hasta el infinito y más allá. ruben.ventureira@lavoz.es