Tres músicos monumentales

La Voz

A CORUÑA

John Lennon será el tercer músico que cuente con presencia monumental en A Coruña. Al beatle le gana Pucho Boedo, el legendario cantante de Los Satélites y Los Tamara, protagonistas de una escultura y de un monolito. La primera, ejecutada en bronce, se erige entre las aguas de una fuente del Ventorrillo donde los vecinos se surten cuando hay cortes del suministro. Ahí vemos a Pucho dándolo todo, en pleno ejercicio vocal, micrófono en mano y luciendo camisa de chorreras. El monolito se levanta en la plaza de Azcárraga. Es una obra de José Francisco Escudero en la que vemos al popular cantante de perfil y en relieve. «La Ciudad Vieja a Pucho Boedo. 6-10-1990», es la leyenda. El otro músico homenajeado es Javier Fonte Gundín. Su tributo lo esculpió el mismo autor que realizó el monolito de Pucho y hay más coincidencias, pues la pieza también se encuentra en la Ciudad Vieja, en los jardines de A Maestranza. Fue erigida en 1997, dos años después de la muerte del artista. En su elaboración se emplearon piedras antiguas procedentes de una vivienda derribada. «Pedriñas da Cibdá Vella / pedriñas do meu fogar / pedriñas da Cibdá Vella / biquiños do mar» se puede leer. No se reproduce la figura del músico. Y ahí se acaba la conexión coruñesa entre la música y los monumentos, salvo que algún puntilloso quiera incluir en la lista La Guitarra del escultor turolense Pablo Serrano, colocada en las proximidades de Adormideras y de clara tendencia cubista. De Arteixo a Japón Pero no se agota, sino que es amplio, el catálogo de piezas curiosas. A la cabeza, una de las favoritas de los turistas, el Gatipedro de la plaza del Humor, en la que te puedes sentar junto a Álvaro Cunqueiro o Castelao, a elegir, y largarles un monólogo. También sorprendió en su época el monumento al libro de los jardines de Méndez Núñez, primero en el mundo dedicado a este portador de cultura. Y todos los que se acercan por la zona de las Esclavas quedan impresionados cuando ven a Arsenio Iglesias, O zorro de Arteixo , ya convertido en busto. A los niños les encanta el dragón del parque Europa, que toman por un juguete, y a los nipones el monumento a Japón que adorna el barrio de las Flores.