Historias de A Coruña | Una anécdota inverosímil ocurrida en plena Guerra Civil Repaso a los cuentos que el Nobel de Iria Flavia «inventó» en sus «Memorias»
13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Una de las característica de Camilo José Cela es la mitomanía, o sea, creerse sus propias mentiras. A ello se une, además, los delirios de senectud, como cuando en una entrevista en TVE dijo que podía aspirar por el ano no se cuántos litros de agua. De las anécdotas inverosímiles que el premio Nobel citó a menudo, destacaba la del piano de la coruñesa calle del Papagayo, centro neurálgico del antiguo barrio chino. Su gran amigo Mariano Tudela escribió al respecto en las páginas 46 y 47 de su biografía de Cela (Ed. Grupo Libro, 1991): «Terror de la noche crápula del Papagayo y Tabares, se cuenta de Cela algún desafuero, como el de aquella madrugada en el que un ruido descomunal despertó a los que estaban dormidos y dejó en vilo a los despiertos, que eran la mayoría. -¿Qué ha pasado? -¡Alguien ha tirado un piano por la ventana! Había sido, claro, Camilo, que en un momento de inspiración gamberra sacó fuerzas de flaqueza y lanzó a la calle el piano reluciente que adornaba desde tiempo inmemorial el salón de recibir de las furcias». La tremendista anécdota se sitúa en la Guerra Civil, parte de la cual la pasó don Camilo en A Coruña, en casa de sus primos, los Rodríguez Losada Trulock, que vivían en un chalé de la Avenida de La Habana. Cela había sido dado de baja en la unidad en la que cumplía su servicio militar por padecer tuberculosis y estaba en la retaguardia reponiéndose. Sporting Club Con su peculiar lenguaje lo cuenta en Recuerdo de La Coruña (páginas 216-232) del segundo tomo de Memorias , titulado Memorias, entendimientos y voluntades (Ed. Plaza Janés; 1993). Recuerda que en el Sporting Club jugaba al billar con el general Ramos (prueba de la camaradería que existía en el Ejército nacional, donde soldados y generales se divertían) y que en el bar América tomaba copas con el capitán de la Legión Díaz de Castroverde (lo que desmintió en La Voz un familiar del militar). En el Nuevo Club, el soldado Cela alternaba con el teniente coronel Varela. Añade el Nobel que el gobernador civil José María de Arellano borró el nombre de Casares Quiroga del registro civil, lo que es falso, pues sólo hizo la petición a la Audiencia, pero ésta la rechazó (se puede comprobar en el libro de registros); dice, también que cuando el alcalde Liaño Flores le obsequió, en 1976, durante un almuerzo con el rótulo de la calle del Papagayo, antes había mandado arrancar todos los rótulos de la misma, «dejando a la calle desguarnecida y con el nombre no más que en el recuerdo» (página 222, obra citada), lo que tampoco es cierto. «La Mazurca» Respecto al fatídico piano, apunta el de Iria Flavia en sus Memorias : «En La Mazurca cuento que de la casa de putas de la Mediateta echaron a un primo de Raimundo el de los Casandulfes por tirar un piano por el balcón, bueno, pues ése era yo y mi fea acción, de la que ahora me arrepiento, pasó a engrosar el acervo coruñés» (página 222). Otra anécdota inverosímil, que relata Tudela en su página 47, es cuando don Camilo se ejercitaba por las mañanas remando en una canoa por la ensenada de Riazor. Una vez, «con mar agitada y olas de muchos metros, la fuerza de una le dio semejante topetazo que el vuelo lo llevó por encima del arenal a muchos metros arriba, depositándolo sobre las vías del tranvía».