HERCULÍNEAS | O |
06 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LAS BIBLIOTECAS tienen mucho de hospitales. Vacunan contra la ignorancia y el fanatismo, permiten vivir más vidas que la rutina de una ciudad de provincias, previenen la esquizofrenia que sufren los que se empeñan en cambiar la Historia y curan la soledad y la falta de sueños. Por eso son el primer objetivo en cualquier guerra. Si no puedes tirar a un hospital -que luego salen las imágenes en todo el mundo-, quema una buena biblioteca, que guarda más vidas y sueños que el resto de la ciudad entera. A Coruña necesita su gran biblioteca. Decenas de miles de libros, centenares de miles, recorriendo una interminable muralla de estanterías. La Casa del Libro, la llamó hace pocos días Francisco Vázquez. De hacerse realidad, curaría no sólo el espíritu de la ciudad, sino que funcionaría como un bálsamo para sus sueños. Desde que Bilbao inauguró su Guggenheim y Valencia su Ciudad de las Artes y las Ciencias, la ciudad ha buscado algún proyecto que diese -al menos- la vuelta a España. La Casa del Libro podría lograrlo. La ciudad necesita tinta, tan necesaria para el corazón como los parques, los museos o los cines. Que llueva tinta.