PLAZA PÚBLICA | O |
05 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En la Puerta Real, esquina al Paseo de la Dársena, y como una especie de mascarón de proa de la Ciudad Vieja coruñesa se alza un bello edificio construido a partir de 1915 por el arquitecto coruñés Rafael González Villar (A Coruña, 1887-1941). Encargado para edificio de viviendas por el consignatario coruñés Raimundo Molina Couceiro, que era además cónsul de los Países Bajos, yerno del que fuera alcalde en 1881 Alejandro Brandao y padre de otro recordado alcalde: Alfonso Molina Brandao. González Villar fue un destacado arquitecto que obtuvo segunda medalla nacional de Bellas Artes y académico y presidente de la Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora del Rosario. Este edificio que nos recibe al comienzo de la Ciudad Alta consta de cuatro plantas que corona una esbelta cúpula hexagonal a la que los técnicos califican «de sabor francés». Al frente de la Casa Molina un pequeño jardín acoge un monumento al alcalde Alfonso Molina para recordarnos que habitaba la casa colindante y ejercía el consulado de Holanda. Los tulipanes que adornaban los jardines coruñeses así lo acreditaban.