Barreras arquitectónicas

VÍCTOR OMGBÁ

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

04 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HE COMPARTIDO estos días la mesa de una conferencia con una mujer, Pilar. Una mujer excepcional. Una minusválida. Gatea. Se arrastra por el suelo. Pero tiene la cabeza alta pese a que la vida le ha dado más palos que gracias. Nació tumbada y se quedó sentada. Pilar contó su experiencia a 200 chavales de León, Asturias y A Coruña. Les contó sus sueños. Dice que se cumplieron, con muchas dificultades, pero se cumplieron. No llegó a ser declarada inválida permanente hasta después de mucho tiempo. Cuando ya era una mujer. «Una alegría», asegura. Es modesta como los protagonistas de miles de historias de este tipo que se hallan inscritas en la cara de la ciudad. Mientras su voz esculpía el aire, dejé vagar la mirada sobre aquellos ojos atónitos. En ellos brilla la llama de la inocencia. Darían cualquier cosa para conseguir un mundo justo. Dos pesas iguales. Justicia y justicia. Pero el mango de la sartén lo tienen los padres. Tienen abiertas en cada parada las puertas de los buses. Pero sólo suben los que son como ellos. Barreras arquitectónicas. ¿De qué derechos hablamos cuando decimos que todos tenemos derechos?