Análisis | Una infraestructura básica amenazada Vázquez denuncia la pinza contra el aeropuerto coruñés que pone en peligro su supervivencia por la acción de Iberia, algunos políticos y la de otros concellos
22 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Alvedro avanza hacia un estado terminal que puede convertirlo en un páramo. Las cifras de pasajeros del mes de septiembre volvieron a bajar. También las de operaciones. Sólo suben los problemas, las cancelaciones y los desvíos. También los precios de los billetes, en muchos casos los menos competitivos de la comunidad. Mientras, Oporto sigue absorbiendo operaciones y Santiago se pelea por las migajas de los grandes touroperadores en una puja al alcance de pocos bolsillos. En su diagnóstico, el alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, tiene claro que «hay una especie de sindicato de enemigos de Alvedro que amenaza su supervivencia». Y el regidor enumera esa lista de adversarios: «La primera de todas, Iberia, pero también algunos políticos y otros municipios que utilizan temas muy sensibles para hacer demagogia». Crisis del sector El foco de las críticas de Vázquez es la principal aerolínea española. «Tiene que cumplir con un servicio público. Y no me vale que digan que es una empresa privatizada. Deben cumplir con sus compromisos. Y si no, que dejen los slots libres, que ya vendrán otros operadores», resume el regidor coruñés. Sus críticas encuentran la plena comprensión y respaldo de otros usuarios. Lo cierto es que Iberia sólo se ha volcado en Alvedro cuando ha habido otros operadores que utilizaban algunos de sus destinos. Entonces, la aerolínea ofreció precios más competitivos y acabó por espantar a otros competidores. Poco a poco, fueron desapareciendo las operaciones de compañías como Aviaco, Air Nostrum -hoy filial de Iberia- y más tarde las de Air Europa y Spanair. Una vez espantados los adversarios, Iberia ha seguido una discreta política de reducción de vuelos. Cualquier reproche se solventa siempre con la misma retahíla: «La crisis del sector nos obliga a un repliegue táctico. En cuanto la situación se normalice, volveremos a reforzar la programación de Alvedro». La cita es textual de cualquier portavoz de Iberia tras cada crisis. La última vez fue el 11-S. Han pasado más de dos años y encontrar aviones en Alvedro va camino de convertirse en algo más complicado que localizar a Sadam Huseín o Bin Laden en sus escondites. En esa tesitura, sólo Portugalia resiste en A Coruña. Sus vuelos siguen operando con normalidad, aunque muchas otras ciudades suspiran por el enlace directo con Lisboa. Pese a que no existe un patrón de comportamiento, lo cierto es que su ocupación está ya por encima del 50% y la aerolínea portuguesa aspira a adelantar su vuelo matinal para mejorar las cifras de negocio. Rivales políticos El segundo de los enemigos a los que apuntó Vázquez juega en el mismo terreno que él, los despachos. Ciudades como Santiago o Valladolid cuentan con las alforjas llenas de dinero para captar nuevas compañías y convertir sus aeropuertos en bases operativas. En los últimos meses, hasta cuatro empresas de los más diferentes orígenes se han puesto en contacto con el Ayuntamiento para negociar un posible desembarco en Alvedro. Los estudios de mercado, las previsiones de negocio, la demanda y las posibilidades de expansión son argumentos recurrentes a favor de la terminal coruñesa. Pero las negociaciones no fraguan. ¿La causa? «Otras ciudades ofrecen dinero a manos llenas. Sé que no es el caso de A Coruña, pero, si quieren competir, van a tener que competir», explica un alto ejecutivo del sector. En María Pita se apuesta por todo lo contrario. «Es que subvencionar a una aerolínea es ilegal», comenta un funcionario. Vázquez, más radical, argumenta que «el único baremo válido es el de la oferta y la demanda. En La Coruña hay el caudal de usuarios necesario. Y también hay una compañía que no cumple con esas necesidades». Culleredo En las reflexiones de Francisco Vázquez también hay espacio para el alcalde de Culleredo, Julio Sacristán. Sin mencionarlo explícitamente, el regidor coruñés tuvo unas palabras para él en su última comparecencia pública. «Hay gente que no se da cuenta con sus localismos que el progreso no se puede detener. Hay algunos que se preguntan para qué queremos el aeropuerto. Pues muy sencillo. Lo queremos para volar. Para eso es para lo que sirve y para lo que es necesario, porque conviene no olvidar que Alvedro es una pieza clave en la actividad económica de una ciudad volcada en la actividad turística y los congresos», señaló el regidor. Las inversiones El dinero tampoco abunda. La teoría del déficit cero retrasa la instalación del ILS, la ampliación de la pista es sistemáticamente boicoteada desde Culleredo y las inversiones llegan a la terminal de Alvedro a cuentagotas. Con un poco más de gasto público, el aeródromo aumentaría su operatividad.