La calle Antonio Carballo, en la Sagrada Familia, vivió una medianoche de lo más rocambolesca. Primero, un conductor ebrio causó un accidente y un altercado en el que tuvo que intervenir la policía. Y a los cinco minutos, otro hombre, tanto o más bebido que el primero, subió a su casa no por las escaleras, sino por un andamio instalado en la fachada de su edificio. La noche comenzó a torcerse con un encontronazo. Un conductor en estado ebrio se introdujo en su vehículo estacionado y al intentar incorporarse a la vía, sin ceder el paso, colisionó con un coche que circulaba correctamente. El infractor, lejos de disculparse, salió del turismo y la emprendió con la conductora del otro vehículo. La insultó e intentó agredir. Más calmado, le exigió solucionar el asunto con un parte amistoso. Pero le puso como condición que reconociese su culpa. Algunos testigos, al ver tal atropello, llamaron a la policía. Los agentes, cuando se disponían a inmovilizar el vehículo del conductor ebrio, se quedaron de piedra al levantar la vista y encontrarse con un hombre de 44 años escalando por un andamio de diez pisos de altura. Entre hierros y escaleras minúsculas, hechas para profesionales, el individuo logró alcanzar la cuarta planta. No miró hacia abajo hasta superar el reto. Entró por la ventana Desde abajo, los agentes le pidieron que abortase la escalada, que descendiese inmediatamente. Pero el hombre no les hizo ni caso y además les hizo burla. Hasta que se cansó y, a la altura del cuarto piso, se introdujo en su vivienda por una ventana. Cuando la policía llamó al telefonillo, el individuo bajó a la calle, pero esta vez utilizó las escaleras. Allí recibió la reprimenda de la policía y juró que no lo iba a volver a hacer.